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Krystal Pierce: Reconocer la verdadera identidad de Cristo resucitado

Con motivo de la Pascua de Resurrección, una profesora asistente de Escrituras Antiguas de BYU escribe sobre tener una relación personal con el Redentor

El audio del artículo solo está disponible en inglés.

Jesucristo se apareció a cientos de Sus seguidores durante el período de 40 días transcurrido entre Su Resurrección y Su Ascensión; pero un grupo tuvo la bendición de ver al Cristo resucitado primero.

En la mañana posterior a Su Resurrección, Él se apareció a María Magdalena y a otras discípulas junto al sepulcro. Sorprendentemente, las personas de este grupo no reconocieron de inmediato a Jesús cuando Él se apareció, demostrando que existía —y sigue existiendo— una diferencia importante entre ver a alguien y reconocerlo.

María y las otras discípulas vieron físicamente y hablaron con un hombre, que era Jesucristo; sin embargo, no reconocieron Su verdadera identidad hasta que Él les abrió los ojos espirituales.

Las acciones de estas discípulas tras la muerte del Salvador indicaron que tenían ciertas expectativas respecto al Señor. Esperaban que Él continuara enseñándoles hasta que comprendieran la plenitud de Su evangelio, y que las guiara como cabeza de Su nueva iglesia terrenal.

Sin embargo, tres días después de Su Crucifixión, las discípulas acudieron a Su sepulcro esperando también hallar el cuerpo del difunto Jesús. Estas expectativas contradictorias dieron lugar a sentimientos de tristeza, decepción y confusión.

Krystal V. L. Pierce es profesora adjunta en el Departamento de Escrituras Antiguas de la Universidad Brigham Young.
Krystal V. L. Pierce es profesora adjunta en el Departamento de Escrituras Antiguas de la Universidad Brigham Young. | BYU Photo

Fue únicamente gracias a la aparición del Cristo resucitado ante María y las otras discípulas que sus expectativas erróneas fueron corregidas, lo cual les permitió reconocer al Salvador resucitado y reaccionar con sentimientos de felicidad y paz.

Como discípulos de Cristo, tenemos mucho en común con María y las otras discípulas. Todos albergamos ciertas expectativas incongruentes respecto al Señor y a Su Iglesia; expectativas que, cuando no se cumplen conforme a nuestro limitado entendimiento mortal, pueden obstaculizar nuestra visión del Salvador, de modo que, aun cuando Él se encuentre lo suficientemente cerca como para que podamos “verlo”, no logramos reconocerlo verdaderamente.

Pero si estudiamos la manera en que Jesucristo abrió los ojos espirituales de Sus discípulos, podremos corregir nuestras propias expectativas erróneas, reconocer Su verdadera identidad como nuestro Redentor y reaccionar con los mismos sentimientos de gozo y esperanza.

‘¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?’

En la mañana posterior a la Resurrección de Jesucristo, María Magdalena, María la madre de Santiago, Salomé, Juana y otras discípulas acudieron al sepulcro para ungir el cuerpo del Señor con aceites y especias.

Aunque lo buscaban con buenas intenciones, esperaban erróneamente encontrar su cuerpo aún dentro del sepulcro. Al encontrarlo vacío, sus expectativas frustradas les provocaron sentimientos de tristeza y confusión.

Pronto aparecieron ángeles para corregir estas expectativas equivocadas, preguntando: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?” (Lucas 24:5).

Una imagen de un Video de la Biblia muestra a María Magdalena buscando el cuerpo de Jesucristo y siendo informada por ángeles de que Él ha resucitado.
Una imagen de un Video de la Biblia muestra a María Magdalena buscando el cuerpo de Jesucristo y siendo informada por ángeles de que Él ha resucitado. | The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints

Los ángeles continuaron: “No está aquí, sino que ha resucitado; acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es menester que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado y resucite al tercer día” (Lucas 24:6–7).

Las mujeres recordaron esas palabras del Señor. Sin embargo, su atención estaba tan centrada en el juicio y la crucifixión que perdieron de vista la verdad más importante: que Él resucitaría.

Los ángeles explicaron que Jesús estaría entre los vivos, continuando Su obra. Si lo buscaban allí, en el lugar correcto, los ángeles prometieron que los discípulos lo verían pronto.

‘Ver’ físicamente y ‘conocer’ espiritualmente

En el Evangelio de Juan se narra la experiencia de María Magdalena en el sepulcro.

Tras su interacción con los ángeles, ella se volvió y “vio a Jesús que estaba de pie, pero no sabía que era Jesús”, lo cual demuestra que existe una diferencia entre “ver” a Jesús físicamente y “conocerlo” espiritualmente (Juan 20:14).

La ​​palabra griega traducida como “vio” (theōrei) en este versículo está relacionada con el término que se utiliza para observar una obra de teatro. María era una espectadora de esta aparición del Señor; observaba pasivamente, pero no comprendía plenamente lo que veía.

Entonces Jesús le dijo: “María”, lo que hizo que ella se volviera físicamente hacia Él y lo llamara por su título de raboni, que quiere decir “maestro” (Juan 20:16).

En ese momento, María pasó de ser una espectadora pasiva a una participante activa. Ella no reconoció al Señor hasta que se volvió físicamente hacia Él, lo cual simboliza la transición necesaria para desarrollar una relación personal con el Salvador.

El Jesucristo resucitado se aparece a María Magdalena en la tumba vacía en esta pintura de Harry Anderson.
El Jesucristo resucitado se aparece a María Magdalena en la tumba vacía en esta pintura de Harry Anderson. | The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints

Más tarde, cuando María relató esta experiencia a otros discípulos, ella exclamó: “He visto al Señor”; utilizando la palabra griega para “visto” (heōraka) que en este contexto se refiere no solo a ver con los ojos físicos, sino también a ver con una percepción espiritual que conduce a la comprensión (Juan 20:18).

Sin embargo, María todavía identificaba a Jesús conforme a sus expectativas terrenales de Él como su rabboni, o maestro. Ella esperaba que Jesús estuviera físicamente presente en su vida, instruyéndola acerca de Su evangelio hasta que ella y los demás discípulos pudieran alcanzar un entendimiento completo.

Pero el Señor instruyó a María: “no me toques” (mē mou haptou); con la Traducción de José Smith modificando el versículo para decir: “No me retengas”, aclarando que la palabra griega no se refería solo al acto de tocar, sino al gesto más intenso de “aferrarse” o “agarrarse” (Juan 20:17).

El Salvador quiso decir que no siempre estaría físicamente presente, sino que estaría presente espiritualmente, a medida que María creciera en conocimiento. El Señor siempre sería su rabboni-maestro, pero ella necesitaría buscar Su presencia a través del Espíritu para una mayor comprensión.

El gozo por encima de la tristeza

Jesús también dirigió una sola palabra a las demás discípulas. Las saludó con “saludos” (chairete), palabra relacionada con la raíz griega que significa “regocijo” o “alegría” (Mateo 28:9).

Jesús también dirigió una sola palabra a las demás discípulas. Les dijo «¡Saludos!» (chairete), una palabra relacionada con la raíz griega que significa «regocijo» o «alegría» (Mateo 28:9).

Estas discípulas luego se acercaron al Señor, se postraron a Sus pies y lo adoraron, demostrando la conexión entre reconocer al Salvador, la adoración y el regocijo.

Estos sentimientos de gozo, esperanza y júbilo representaron un cambio radical con respecto a los sentimientos anteriores de tristeza, temor y confusión asociados con expectativas erróneas.

Luz del sol que brilla a través de una representación de la tumba vacía de Cristo después de Su Resurrección.
La luz del sol brilla a través de una representación de la tumba vacía de Cristo después de Su Resurrección. | The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints

La hermana Reyna I. Aburto, entonces segunda consejera, en la presidencia general de la Sociedad de Socorro, testificó que “mediante la redentora expiación y la gloriosa resurrección de Jesucristo, los corazones quebrantados pueden ser sanados, la angustia puede convertirse en paz y la aflicción puede convertirse en esperanza. Él puede acogernos en Sus brazos de misericordia para consolarnos, empoderarnos y sanarnos” (“No hay victoria para el sepulcro”, conferencia general de abril de 2021).

Reconocer al Salvador

Como discípulos de Cristo, a veces también tenemos expectativas equivocadas sobre el Salvador, su Iglesia o nuestra senda espiritual, lo cual puede resultar en decepción y confusión.

Muchas veces, al igual que las discípulas que buscaban a Cristo en el sepulcro, por nuestra ceguedad que viene “por traspasar lo señalado” (Jacob 4:14) no reconocemos la verdadera identidad de Cristo resucitado.

Pero al igual que esas discípulas, hay ángeles a nuestro alrededor, como los profetas y apóstoles modernos, que nos recuerdan dónde buscarlo. Esto incluye buscarlo en Su hogar, la casa del Señor, donde no solo sentiremos Su presencia, sino que también aprenderemos a reconocerlo en nuestras vidas.

Una estatua de réplica del Cristo en los terrenos del templo de París.
Una estatua de réplica del Cristo en los terrenos del templo de París. | The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints

Al igual que María, debemos volvernos activamente hacia Él y convertirnos en participantes activos en nuestro propio aprendizaje del Evangelio. Entonces, tal vez podamos experimentar también la esperanza que proviene de cultivar una relación personal con el Redentor.

Krystal V. L. Pierce es profesora asistente en el Departamento de Escrituras Antiguas de la Universidad Brigham Young.

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