“Nosotros, la Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, solemnemente proclamamos que el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y que la familia es fundamental en el plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos”.
Durante los últimos 20 años, Jenet Erickson, ha estudiado, investigado y enseñado sobre las verdades profundas y fundamentales que se encuentran en los nueve párrafos —unas 600 palabras— de “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”.
“Yo creo que es muy hermosa”, dijo Erickson. Durante varios años, Erickson ha impartido una clase en la Universidad Brigham Young que se llama “La familia eterna” en la cual se analizan, línea por línea, los principios que se enseñan en “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”.
Como investigadora asociada (fellow) tanto del Wheatley Institute como del Institute for Family Studies, Erickson también ha profundizado en la investigación académica y en las políticas relacionadas con el matrimonio y la familia.
“Cada vez que leo [la proclamación], en voz alta o en silencio, me maravillo de lo que ofrece”, expresó en un episodio del podcast de Church News.

Sin embargo, Erickson admitió que hubo un tiempo durante el cual, aunque creía y apoyaba las verdades contenidas en ese documento profético, le resultaba difícil verse a sí misma y a su situación reflejada en esas enseñanzas.
“Hablé sobre la maternidad durante mucho tiempo antes de convertirme en madre”, relató Erickson. Durante muchos años, anheló ser esposa y madre; sin embargo, “parecía que no lo iba a logar. No sabía exactamente dónde encajaba yo en un plan de matrimonio y maternidad si no podía vivirlo”.
Algunas personas —quizás porque nunca se casaron; por divorcio; infertilidad; relaciones fallidas; abuso; dificultades con la maternidad, la paternidad o el matrimonio; o por cuestionamientos sobre su identidad de género o sexualidad— pueden enfrentar una lucha similar cuando sus experiencias no parecen alinearse con los principios que se describen en la Proclamación”
En realidad, dijo Erickson, “La familia: Una Proclamación para el Mundo” no se refiere a familias perfectas, sino que “es sobre la redención a través de Cristo”.
‘La familia es una historia eterna’
“Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija procreado como espíritu por padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos”.
A lo largo de su carrera, Erickson dijo que ha visto cientos, si no miles, de estudios que respaldan los principios que se encuentran en la proclamación. La familia es importante para las personas, las culturas, los países y la sociedad. Y, sin embargo, la proclamación y las palabras de los profetas modernos ofrecen una visión más amplia, dijo. La institución de la familia no solo tiene importancia en la mortalidad, importa de manera eterna.
La familia “es la razón por la cual existimos —porque tenemos un padre y una madre; y su trabajo es permitirnos crecer para que podamos disfrutar del tipo de relaciones que ellos tienen como padre y madre. Así que todo el plan está basado en esta realidad de la familia. Si no existiera la familia, no habría plan, dijo Erickson, agregando: “La familia es una historia eterna”.

“La proclamación para la Familia” establece “nuestra identidad y el plan divino de nuestros padres celestiales para fomentar nuestro crecimiento y desarrollo”.
Sin embargo, nadie tendrá una familia, una relación o una experiencia perfectas en este mundo mortal, dijo Erickson. Todas las relaciones sufrirán rupturas, fracturas, porque todas están sujetas a la mortalidad, los errores y el pecado. “Pero cada uno de nosotros pertenece a una familia perfecta y eterna. Cada uno de nosotros tiene una identidad fundada en la divinidad, con el potencial de llegar a ser todo lo que son nuestros padres [celestiales]”.
Erickson habló sobre una famosa analista investigadora y escritora de Washington, D. C., a quien se le diagnosticó cáncer en etapa terminal. Se podría decir que era la analista y escritora más talentosa de esa ciudad, aun así, el último artículo que publicó no estaba relacionado con su carrera. Hablaba sobre sus hijos de 9 y 11 años, que acababa de ayudarlos a alistarse para la Noche de Brujas (Halloween) desde su cama, mientras estaba enferma.
“Lo que esto nos dice es que, al fin y al cabo, lo que más desearemos tener a nuestro lado serán esas relaciones que hemos forjado”, dijo Erickson.

‘Él es quien abre los caminos’
El divino plan de felicidad permite que las relaciones familiares se perpetúen más allá del sepulcro. Las ordenanzas y los convenios sagrados disponibles en los santos templos hacen posible que las personas regresen a la presencia de Dios y que las familias sean unidas eternamente.
Las personas pueden valorar “el inconmensurable privilegio que representa estar profundamente conectados con otro ser humano” y reconocer que los hijos de Dios “están diseñados para relaciones profundas de manera eterna”, pero aun así, reconocer que estas relaciones “no son fáciles”.
Estas relaciones cercanas e íntimas nos “ablandarán”, dijo Erickson. “Está diseñadas, en cierto sentido, para permitirnos experimentar un corazón quebrantado y un espíritu contrito de la manera más profunda e íntima. Seremos muy imperfectos; les fallaremos a nuestros hijos; haremos cosas que desearíamos no haber hecho; y, aun así, a pesar de todo y al final, será lo que tenga mayor significado, el mayor privilegio, la esencia de nuestra experiencia”.
En un devocional para estudiantes de BYU–Pathway Worldwide (en inglés) hace dos años, Erickson compartió que, cuando finalmente se casó, tuvo que enfrentar la infertilidad. Sin embargo, cuando eventualmente fue bendecida con dos hijos, también tuvo dificultades con lo que sentía que eran sus propias debilidades como madre. Todos experimentarán la brecha que existe con lo ideal, explicó. Esa brecha solo puede ser superada con fe y confianza en el Redentor, quien eventualmente nos dará más de los que jamás podríamos haber imaginado”.
A menudo, el Señor invitará a las personas a depositar sus esperanzas y sueños en Su altar, “y [al hacerlo], descubriremos que Él es quien prepara el camino”, dijo Erickson.
A través del Salvador, “cualquier dolor que hayamos padecido será restaurado en una plenitud de gozo y nos quedaremos maravillados ante la bondad de Dios. Ese es Él. En el camino, habremos aprendido tanto sobre cómo ser caritativos, cómo ser mansos, cómo ser personas llenas de Cristo. Y esto es precisamente lo que necesitamos aquí. En realidad, no se trata de que todos nuestros sueños se cumplan en esta vida; eso es parte del siguiente acto”.
Las imperfecciones que experimentamos dentro de la familia y de las relaciones puede ser lo que nos acerque al Salvador. “Se nos dio un Redentor para recorrer el camino y concedernos el poder de transformarnos en seres de amor eterno. Lo que sé es que Dios, nuestro padre, nuestra madre, son amor. Dios es amor, y esa vida celestial es una vida de amor perfecto e intimidad”, dijo Erickson.
Eso es lo que la proclamación le aporta al mundo: “Establece cómo —a través de la Expiación de Jesucristo— todos podemos participar en sagradas ordenanzas y convenios que nos llevarán nuevamente a la presencia de Dios y nos unirá en relaciones eternas”.

