En un devocional de BYU-Idaho el martes, 23 de septiembre, aniversario número 30 de “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, el élder Clark G. Gilbert, Setenta Autoridad General y Comisionado de Educación de la Iglesia, y su esposa, la hermana Christine Gilbert, hablaron con los estudiantes sobre cómo encontrar a Cristo en “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”.
“Nuestro mensaje hoy es que, al buscar al Salvador en ‘La Familia: Una Proclamación para el Mundo’, comprenderán su lugar en el plan de Dios para Su familia y aprenderán más sobre su plan para su familia eterna”, dijo el élder Gilbert.

Agregó: “También reconocemos que cada persona tiene circunstancias y situaciones familiares únicas. Deben saber que son hijos amados de Dios y que siempre tendrán un lugar en Su familia eterna”.
La hermana Gilbert citó a la profesora de la BYU, Jenet Erickson, de un episodio reciente del podcast de Church News (en inglés), “No se trata de familias perfectas. Se trata de la redención por medio de Cristo y de las diversas maneras en que lo encontramos en nuestra vida”.
El élder y la hermana Gilbert compartieron tres principios para encontrar al Salvador en “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”: los convenios y las ordenanzas unen a las personas con Cristo y con sus familias; las personas pueden encontrar la felicidad mediante las enseñanzas de Jesucristo; y el sacrificio en el matrimonio y la crianza de los hijos ayuda a las personas a ser más como el Salvador.
Unidos por las ordenanzas y los convenios
El élder y la hermana Gilbert ilustraron la importancia de las ordenanzas y los convenios del templo compartiendo dos historias.
El élder Gilbert contó la historia de sus abuelos, quienes se casaron en el templo de Salt Lake en 1941. Solo seis años después, su abuelo falleció a causa de la leucemia.
Muchos años después, su abuela también falleció. El élder Gilbert testificó que sus abuelos ahora están reunidos y “unidos para siempre”, gracias a la expiación de Jesucristo y a haber hecho y guardado los convenios del templo.

La hermana Gilbert habló de su tía Janet, quien nunca se casó, aunque anhelaba esa bendición. La tía Janet fue fiel a sus convenios y vivió una vida extraordinaria.
La hermana Gilbert expresó que encuentra consuelo en la declaración del presidente Nelson en la conferencia general de octubre de 2008: “Todos debemos recordar que, en el debido tiempo del Señor, no se privará a Sus santos fieles de ninguna bendición. El Señor juzgará y recompensará a cada persona según los deseos sinceros de su corazón así como por sus acciones”.
Vivir las enseñanzas de Cristo
El élder Gilbert y la hermana Gilbert luego se centraron en otra enseñanza de la Proclamación para la Familia: “La felicidad en la vida familiar tiene mayor probabilidad de lograrse cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo”.
La pareja compartió maneras en que han enseñado a sus hijos sobre el Salvador en el hogar, como apartar intencionalmente las distracciones y prestar atención a cada hijo al salir o regresar a casa.

“Una forma de compartir las enseñanzas del Salvador es simplemente amando a nuestros hijos”, dijo el élder Gilbert.
La hermana Gilbert explicó que también se centran en las enseñanzas del Salvador dando a los hijos tiempo para compartir sus reflexiones durante el estudio de las escrituras en familia.
Llegar a ser más semejantes al Salvador mediante el sacrificio
Los Gilbert enseñaron que la Proclamación para la Familia invita a desarrollar las cualidades de Cristo: fe, perdón, respeto y amor.
El élder Gilbert explicó que cumplir con los roles familiares ayuda a desarrollar estas cualidades.

“Los roles de esposo/a y padre/madre requieren sacrificio y entrega”, dijo el élder Gilbert. “Hay algo en entregarse al cónyuge o a los hijos que transforma a la persona”.
Muchas ideas sobre el matrimonio y la paternidad se centran solo en las exigencias y sacrificios, dijo la hermana Gilbert.
Estas ideas “a menudo pasan por alto la verdadera satisfacción y el propósito de estos roles sagrados”, concluyó.
Para ilustrar su punto, citó un informe reciente del Instituto Wheatley.
Según el informe, las madres encuestadas tenían más probabilidades de expresar sentirse abrumadas y agotadas, y de desear tener más tiempo para sí mismas.
Sin embargo, estas mismas mujeres también tenían más probabilidades de afirmar que “lo que hago en la vida es valioso y significativo” y que “mi vida tiene un propósito claro”.

“En mi propia vida”, dijo la hermana Gilbert, “he sentido un profundo sentido de propósito al colaborar con el Señor y con mi esposo en la crianza de nuestros hijos, guiándolos con el mejor de mis conocimientos, a la luz de las enseñanzas de nuestro Salvador”.
El élder Gilbert compartió el mismo sentimiento que su esposa, haciendo eco de las palabras del sociólogo Bradford Wilcox, de la Universidad de Virginia: “La paternidad, esencialmente, impulsa a los hombres a trascender sus propios intereses y a dedicarse a algo mucho más grande”.


