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Aimee Cobabe: Mi reflejo en la historia familiar

‘Al contemplar las fotografías de tantos de mis antepasados, puedo ver sus testimonios de Jesucristo y de la Restauración del evangelio’

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El audio del artículo solo está disponible en inglés.

Hace poco, mientras utilizaba la aplicación FamilySearach descubrí la actividad “compara una cara”. Después de que se sube una foto, la computadora muestra qué porcentaje de rasgos faciales similares tiene una persona con sus antepasados. Mi foto mostró un 76 % de coincidencia entre mi rostro y el de mi abuela materna, Hildegard Anna Maria Duessler Bates.

Cuando cursaba el cuarto año de la escuela primaria, escribí una redacción en la cual explicaba por qué mi abuela era mi heroína. Ella creció en Alemania y tuvo que enfrentar la Segunda Guerra Mundial mientras hacía todo lo posible para estudiar a la vez que trabajaba como enfermera para la Cruz Roja. Más tarde, escribió en su diario personal que estaba agradecida al Padre Celestial por haberla protegido de muchos peligros durante esa época.

Después de la guerra, la contrataron como secretaria de un capellán presbiteriano del ejército de los EE. UU. en Marburg, Alemania. A través de ese trabajo conoció a mi abuelo, Gordon Leon Bates, sargento del ejército estadounidense. Él se ofreció a enseñarle sobre La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y a leerle el Libro de Mormón.

Hildegard Anna Maria Duessler Bates fue bautizada por su futuro esposo, Gordon Leon Bates, el 10 de julio de 1948, en el río Lahn en Alemania.
Hildegard Anna Maria Duessler Bates es bautizada por su futuro esposo, Gordon Leon Bates, el 10 de julio de 1948, en el río Lahn en Alemania. | Provided by Aimee Cobabe

Mas tarde escribió en su diario personal: “No tengo palabras para expresar el gozo que sentí. En aquel momento todo parecía demasiado bueno para ser verdad. Aun así, [y] con todo mi corazón, yo supe que era verdad. … Los principios del evangelio restaurado me atrajeron inmediatamente. Parecía como si hubiera creído en ellos toda mi vida”.

Después de recibir autorización del presidente de misión local, mi abuelo bautizó a mi abuela el 10 de julio de 1948, en el río Lahn.

Tengo varias fotos de ese día. Mi favorita es una de ella mostrando una amplia sonrisa —estaba realmente radiante.

Dos semanas después del bautismo, mis abuelos se casaron en la iglesia St. Elizabeth en Marburg y estaban deseosos de sellarse en el templo tan pronto a mi abuelo le dieran la baja del ejército y pudieran trasladarse a los Estados Unidos. Durante ese tiempo, mi abuela se aferró al evangelio de Jesucristo con ambas manos y pronto se convirtió en una intrépida misionera para sus vecinos amigos y familia en Alemania.

Al mirar las fotos de mi abuela, puedo sentir su resiliencia; reconocer los sacrificios que hizo para criar una familia en la Iglesia. Veo su dedicación para cumplir con sus convenios, y admiro el deseo que tenía de compartir el Evangelio restaurado con los demás.

En Alma 5:14, Alma les pregunta a quienes está enseñando si han recibido la imagen de Dios en sus rostros. Y después, en el versículo 19, repite la pregunta, “Os digo: … ¿Podréis alzar la vista, teniendo la imagen de Dios grabada en vuestros semblantes?”

Nunca consideré esta escritura en el contexto de la historia familiar, pero al mirar las fotografías de tantos antepasados, puedo ver sus testimonios de Jesucristo y de la Restauración del evangelio. Ellos vivían ese testimonio y se reflejaba en sus rostros —tal y como se veía en el de mi abuela.

Hildegard Anna Maria Duessler Bates y el Sargento del Ejército de EE. UU. Gordon Leon Bates se conocieron y se casaron en Marburgo, Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial.
Hildegard Anna Maria Duessler Bates y el Sargento del Ejército de EE. UU. Gordon Leon Bates se conocieron y se casaron en Marburgo, Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial. | Provided by Aimee Cobabe

Su vida de servicio desinteresado, dedicación y amor le confirió un semblante que brillaba con la imagen de Dios.

Hacia el final de la vida de mi abuela, un tumor cerebral le quitó gran parte de su capacidad para comunicarse y funcionar. Mi abuelo la escuchó pacientemente dictar su historia personal para que sus hijos y nietos tuvieran su testimonio.

Mi propio testimonio se ha fortalecido con la lectura de las historias de muchos de mis antepasados.

El presidente Russell M. Nelson habló en la conferencia general de abril de 2024 sobre el don de las llaves del sacerdocio y la historia de cómo estas fueron restauradas en la tierra.

Cuando Elías el Profeta apareció aquel Domingo de Pascua del 3 de abril de 1836 dio “cumplimiento a la promesa de Malaquías de que, antes de la Segunda Venida, el Señor enviaría a Elías el Profeta para hacer ‘volver el corazón de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia los padres’” enseñó el presidente Nelson.

“Elías el Profeta confirió a José Smith las llaves del poder para sellar”, dijo, “… Sin las llaves del sacerdocio, ninguno de nosotros tendría acceso a las ordenanzas y los convenios esenciales que nos ligan a nuestros seres queridos eternamente y que nos permiten finalmente vivir con Dios”.

Al mirar las fotos de mis antepasados y verme a mí misma —y a su fe— reflejada en sus semblantes, deseo, desesperadamente, estar unida a ellos. Saber que esto es posible gracias al sacrificio Expiatorio de Jesucristo me hace sentir una gratitud aún más profunda por la relación que tengo por medio del convenio con mi Padre Celestial y Jesucristo.

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