A continuación, se encuentra el texto de la oración que ofreció el presidente Russell M. Nelson para rededicar el Templo de Washington D. C., el sábado 14 de agosto.
Oh Dios, nuestro Padre eterno, en el nombre de Tu Amado Hijo, Jesucristo, nos inclinamos humildemente ante Ti, para rededicar este templo, el Templo de Washington D. C. de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Esta magnífica casa del Señor fue dedicada por primera vez hace 48 años por Tu noble siervo, el presidente Spencer W. Kimball. Fue, en aquel entonces, el 18.o templo construido en esta dispensación. A fin de conservarlo para las generaciones futuras, ahora, ha sido hermosamente renovado y remodelado. Estamos agradecidos por todos aquellos que participaron en la ardua tarea de conservación y renovación de este templo. Por favor, bendícelos por su esmerado y detallado trabajo y su fe.

Al ofrecer esta oración de rededicación, suplicamos que el espíritu de aquella histórica oración dedicatoria ofrecida por el presidente Kimball forme parte de esta.
En aquella sagrada ocasión, el presidente Kimball recordó con gratitud (en inglés): “Hiciste que los primeros pobladores [que llegaran a esta tierra]… fueran personas que establecieron una gran nación con una constitución inspirada que garantizó la libertad a cuyo amparo pudiera ocurrir la gloriosa restauración del evangelio y de la Iglesia de Tu Hijo Amado”.
Ahora, nuestro Padre Santo, expresamos nuestro agradecimiento por esa libertad y por esta tierra. Además, te agradecemos por las sagradas ordenanzas que se han realizado y los convenios hechos en este templo desde su dedicación en 1974. Tu Espíritu ha bendecido estos sagrados recintos para Tus propósitos, los cuales, como oró el presidente Kimball, han abierto “las puertas… para las multitudes que están esperando en el mundo de los espíritus”.
Querido Padre Celestial, estamos agradecidos por Tu Hijo Amado, Jesucristo, nuestro Salvador y Redentor. Su expiación ha hecho posible Tu gran plan [y] las bendiciones de la inmortalidad y la vida eterna de Tus hijos e hijas.
Estamos agradecidos porque Tú junto con Tu Hijo Amado, Jesucristo, se le aparecieron al profeta José Smith para abrir los cielos y restaurar la plenitud de Tu evangelio para la bendición de Tus hijos e hijas. Expresamos nuestra más profunda gratitud por la restauración de las llaves y la autoridad del sacerdocio, las escrituras adicionales y todas las bendiciones que actualmente están a nuestra disposición.
Hoy, estamos infinitamente agradecidos por la libertad religiosa, la cual se encuentra garantizada por la inspirada Constitución de los Estados Unidos de América. Estamos agradecidos por esa Constitución y por los líderes, pasados, presentes y futuros, de esta gran nación. Por favor, bendícelos con el deseo de hacer lo que es justo.
Somos conscientes de los muchos embajadores y diplomáticos que vienen a esta gran ciudad desde un sinnúmero de naciones del mundo. Te pedimos que los bendigas, a ellos y a todos Tus hijos con el deseo de buscarte y guardar Tus mandamientos. Por favor, bendice a Tus hijos e hijas del convenio para que sean un faro de luz espiritual y rectitud para el mundo entero.

Padre nuestro, te agradecemos por los numerosos amigos, miembros y misioneros que han trabajado tan diligentemente para establecer la Iglesia de Tu Hijo Amado en todo el mundo.
Estamos agradecidos por los que pagan el diezmo fielmente, que han consagrado de sus medios para la edificación de Tu reino en la tierra. Bendícelos, a ellos y a su posteridad, con un profundo deseo de permanecer en la senda del convenio la cual los lleva, tanto a ellos como a sus familias, de regreso a Tu santa presencia.
Te rogamos que todos los que entren en estos sagrados recintos tengan un profundo deseo de adorar aquí. Por favor, bendícelos con el espíritu de Elías, para que continúen volviendo su corazón al de sus antepasados, y que se realicen las ordenanzas esenciales para ellos. Bendícelos también con la revelación, con la guía para sus familias y vidas personales, con un sentimiento de paz y con una fe cada vez mayor.
Ahora, Padre Santo, en el nombre de Tu Hijo Amado, Jesucristo, y en virtud de la autoridad del santo sacerdocio de Melquisedec, rededicamos y consagramos a Ti y a Tu Hijo, este, el Templo de Washington D. C. de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Te rogamos que aceptes esta casa como nuestra ofrenda a Ti y a Tu hijo, como un lugar digno de Tu santa morada. Y te pedimos que bendigas a todos los que entren en ella para que sientan Tu presencia y para que sepan de Tu amor.
Rededicamos el terreno sobre el cual se levanta este templo. Rededicamos sus bases, cimientos y agujas. Rededicamos sus altares y salas interiores, entre ellos el bautisterio, las salas de investidura, las salas de sellamiento, los salones de asamblea, el salón celestial, las áreas administrativas y los sistemas de apoyo. Rededicamos los hermosos jardines, árboles, arbustos y todos los sistemas necesarios para mantener la belleza de este lugar sagrado.
Por favor, impide cualquier acción no deseada que pueda dañar esta santa casa. Por favor, presérvala de los desastres naturales y de las malas intenciones. Haz que sea un refugio para quienes entren en sus instalaciones. Por favor, bendice a todos los que pisen este suelo, cualquiera sea su propósito, para que sientan tu presencia y salgan con un renovado sentido de esperanza y un mayor deseo de acercarse a Ti y a Tu Hijo.
Te pedimos que bendigas a la presidencia del templo, a la directora, sus asistentes y a todos los que ofrecen su servicio consagrado en esta santa casa. Bendice a todos los que sirven en este templo para que actúen con amor y bondad. Bendice a todos los que entren aquí para que adquieran un sentido más profundo del glorioso futuro que les espera a quienes guardan los mandamientos de Dios. Que la influencia santificadora de Tu Santo Espíritu esté siempre presente en todas las ordenanzas sagradas que en este lugar se realicen.
Padre que estás en los cielos, en este día de rededicación, también rededicamos nuestras vidas a Ti y a Tu obra mientras te servimos a Ti y a nuestros parientes a ambos lados del velo. Que seamos dignos de las grandes bendiciones que nos has prometido, así como las que ya has derramado sobre Tu Iglesia y sobre tus hijos e hijas del convenio. Ofrecemos esta oración de rededicación y alabamos Tu santo nombre para siempre, en el sagrado nombre de Tu Hijo, Jesucristo, amén.

