Mientras los últimos acordes de “Qué firmes cimientos” (Himnos, nro. 40), que el Coro del Tabernáculo de la Manzana del Templo había cantado apenas unos segundos antes, parecían aún resonar en el Centro de Conferencias, el presidente Henry B. Eyring destacó la frase de consejo y consuelo que se encuentra tanto en ese himno como en Isaías 41:10:
“No temas, porque yo estoy contigo”.
El primer discursante de la sesión del domingo por la mañana de la conferencia general de octubre de 2026, el Primer Consejero de la Primera Presidencia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, recitó la segunda y la tercera estrofas del himno y dijo que las promesas del Señor que se encuentran en esas estrofas y en el capítulo 41 de Isaías “llegarán a ser más importantes y preciosas para todos nosotros y para nuestros seres queridos en el futuro”.
a ricos y pobres que tengan Su luz,
en mar o en tierra, en todo lugar,
de todo peligro […] os libra Jesús.
“Pues ya no temáis, y escudo seré,
que soy vuestro Dios y socorro tendréis;
y fuerza y vida y paz os daré,
y salvos de males […] vosotros seréis”.
“Es importante darse cuenta de que la promesa no supone la eliminación de los desafíos”, dijo el presidente Eyring, al relatar algunas de las enseñanzas de su madre y las dificultades de salud que ella afrontó en los últimos años de su vida.
Alguien podría preguntarse por qué un Dios amoroso y todopoderoso permite que las pruebas de la vida terrenal sean tan difíciles. “Esto se debe a que Él sabe que debemos crecer en pureza y estatura espirituales para poder tener la capacidad de vivir en Su presencia”, dijo el presidente Eyring. “Para hacerlo posible, el Padre Celestial nos dio un Salvador y el poder para escoger guardar Sus mandamientos, arrepentirnos y venir a Él por fe y por decisión propia.
“El Salvador no solo comprende y ha sentido pesar, sino que ‘llevó […] [las] enfermedades y sufrió [los] dolores [de ustedes]’ (Isaías 53:4). Él los conoce perfectamente; Él conoce su corazón”.

La combinación de las pruebas y su duración son tan variadas como lo son los hijos del Padre Celestial —no hay dos iguales—, dijo el presidente Eyring. “Pero lo que está siendo probado es lo mismo en todo momento de nuestra vida y para cada persona: ¿Haremos todo lo que el Señor nuestro Dios nos mande?”.
El Señor envía discípulos fieles para ayudarlo a cumplir Su promesa de socorrer a los demás en sus aflicciones, dijo el presidente Eyring, quien agradeció a quienes han ayudado al Señor y animó a los demás a unirse a Él para cumplir Su promesa hoy y en los difíciles días venideros. También compartió ejemplos de “lo que muchos de ustedes ya han hecho y están haciendo para ayudar al Señor a cumplir Su promesa de socorrer a los necesitados en Su reino terrenal”.
Muchos han:
- Orado con fe constantemente para que familiares o amigos sepan a quién desea el Señor que ayuden en Su nombre. “Cuando les vino a la mente un rostro o un nombre, ustedes se acercaron a esa persona. Incluso su simple atención le brindó consuelo. El hecho de que ustedes se sintieran inspirados a ponerse en contacto con ella fue evidencia de que el Señor conocía y amaba a esa persona”.
- Reconocido en un misionero desanimado una oportunidad para elevar a un siervo de Jesucristo. “La bondad de ustedes hacia ellos, aunque sea por unos segundos, o simplemente una cálida sonrisa, puede fortalecer su fe en que el Señor vela por ellos. Cuando les hablen, encontrarán palabras para edificar su fe en que el Señor los conoce y está al tanto de sus circunstancias”.
- Orado regularmente por los siervos del Señor, sin importar el llamamiento que tengan. “A medida que ustedes demuestren su agradecimiento y confianza en que han sido inspirados, ellos sentirán la evidencia de que Dios los ha llamado, los conoce, y los ha guiado y bendecido”.
- Invitado al Espíritu Santo a ayudarlos a encontrar maneras de asistir al Señor para consolar a quienes están suplicando consuelo. El Señor “nos ofrece la gran bendición y responsabilidad de ayudarlo a cumplir Su promesa de socorrer a los hijos del Padre Celestial en sus pruebas a lo largo de su trayecto terrenal hacia casa”.
El presidente Eyring concluyó: “Esa es una de las razones por las que derramamos lágrimas de gozo y cobramos valor cada vez que escuchamos las palabras: ‘No temas, porque yo estoy contigo’, y nos conmueve que Él nos ofrezca la responsabilidad de ayudar y amar a los demás.
“Testifico que esta es Su Iglesia y que Él cumple Sus promesas, tanto por medio del Espíritu Santo como por medio de Sus discípulos verdaderos y fieles”.

