La hermana Kristin M. Yee, segunda consejera de la presidencia general de la Sociedad de Socorro, habló a los jóvenes adultos solteros sobre cómo encontrar un sentido de pertenencia, propósito y paz divinos.
“Sé que el Señor tiene un gran interés en ustedes y en sus vidas, en las decisiones que están tomando y en los desafíos que ponen a prueba su alma y que están afrontando”, dijo el sábado 15 de agosto, como parte de la Conferencia de Jóvenes Adultos Solteros del Área Utah en Salt Lake City.
En su discurso inaugural, la hermana Yee señaló siete principios sobre la identidad y el amor del Padre Celestial por cada persona.
Identidad
La hermana Yee explicó que “joven adulto soltero” es simplemente un término demográfico. “No define quienes son; ni mucho menos”, dijo.
“Anclémonos a aquellos rasgos de identidad que tienen el poder de guiarnos a la vida eterna”, dijo. “Además de ser hijos de Dios, hijos del convenio y discípulos de Jesucristo, ustedes también son miembros de la Sociedad de Socorro o miembros de un cuórum de élderes, que ministran y brindan alivio en el nombre del Salvador”.
La hermana Yee dijo que quienes guardan los convenios no son menos que cualquier otro discípulo en el reino del Señor “debido a su edad o estado civil”.
“Si viven de acuerdo con sus convenios, están viviendo el plan A”, dijo. “No hay un plan B para aquellos que guardan sus convenios con Dios”.
Encontrar un sentido de pertenencia en Sion
El Salvador ha enseñado que Su pueblo debe ser “uno en corazón y en voluntad” (Moisés 7:18).
La hermana Yee habló sobre cómo ha experimentado esto en su propia vida al asistir a diferentes barrios, tanto de familias como de jóvenes adultos solteros. En esos barrios, recibió llamamientos y “aprendí a confiar en el Señor mientras ayudaba a los miembros del barrio y aprendí a permitir que ellos me ayudaran a mí”.
Ministrar
La hermana Yee dijo que no puede imaginar su vida sin cuidar de los demás.
“Es parte de quién soy y de quién espero llegar a ser, alguien más semejante a nuestro Salvador, Jesucristo”, dijo. La hermana Yee dijo que el Salvador la ha bendecido al ministrar a los demás con “sanación misericordiosa, amor y alivio”. Y añadió: “El Salvador es la personificación de la ministración”.
Agregó: “Somos bendecidos al tener Su ejemplo para seguirlo, para aprender a amar, a ministrar y a llegar a ser como Él es”.
Asociarse con Jesucristo
La hermana Yee dijo que no es necesario afrontar solo las incertidumbres, las penas y los desafíos de la vida.
“A medida que den prioridad y cultiven su relación de convenio con Dios, encontrarán un sentido divino de pertenencia y una resiliencia espiritual que no son de este mundo”, dijo. “Cuando elijan al Señor como su fuente principal de validación, no se dejarán influir ni perturbar tan fácilmente por las perspectivas de los demás”.
Sentir el amor de Dios
La hermana Yee dijo que una de las mayores motivaciones en la vida es “sentir el amor de Dios por nosotros personalmente”.
Compartió una experiencia en la que percibió claramente la atención y el amor de Dios. Mientras esperaba un vuelo retrasado en el aeropuerto, conoció a una joven que también se había visto afectada por el retraso. La hermana Yee dijo que sintió la impresión de estudiar algunos de los mensajes que estaba preparando y compartirlos con la joven.
“Me interrumpió al cabo de unos minutos, se llevó la mano al corazón y, emocionada, dijo: “No sé cómo sabes esto, pero esto es exactamente lo que necesitaba oír. Sé que mi Padre Celestial sabe dónde estoy ahora mismo”, dijo la hermana Yee. “Adoramos a un Dios que conoce y ama a cada individuo; Él los conoce y los ama”.
Historia familiar y la obra del templo
La hermana Yee relató cómo logró conectar con los antepasados chinos de su padre mediante una serie de acontecimientos que calificó de “milagro”.
La hermana Yee dijo que, el mismo día en que un historiador familiar realizaba búsquedas en nombre de la hermana Yee, el pueblo de su bisabuelo, un hombre de esa misma localidad realizó otra consulta en el museo genealógico de Taishan, China. Al enterarse de que la hermana Yee buscaba a su familia, aquel hombre reconoció a los antepasados de ella y donó los datos de 93 generaciones de su propio árbol genealógico, el cual conectaba con el de ella.
“No pueden imaginar lo que Dios puede hacer y hará hasta que Él lo hace”, dijo la hermana Yee. “Nos quedó muy claro que Él había orquestado este tierno y poderoso milagro en mi familia”.
Creer en Jesucristo
Por último, la hermana Yee animó a los asistentes a “no dejarse distraer por las preocupaciones de este mundo”.
“Nuestra fortaleza, felicidad y paz residen en confiar en Aquel que nos dio la vida y que nos ama plenamente” dijo. “Creo que nuestro Padre Celestial desea que sean felices ahora — no solo cuando terminen esa carrera, o cuando tengan esa relación, ese hogar o esa profesión. Él quiere que encuentren la felicidad hoy. Se deleita en concederles y bendecirlos con aquellas cosas que traen verdadera felicidad ahora y en las eternidades”.
