Cuando la llamaron a servir como la próxima presidenta general de la Primaria de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la presidenta Rosemary K. Chibota experimentó muchas emociones.
“A veces simplemente me sentía abrumada; otras veces insuficiente, pero al mismo tiempo sentía un gran gozo y paz”, dijo. “Sé que hay muchas personas orando por mí, y he sentido esa paz y consuelo que proviene de las oraciones”.
La presidenta Chibota fue sostenida durante la conferencia general de abril de 2026 y comenzará su servicio el 1 de agosto.
Ella tuvo el presentimiento de que algo iba a cambiar en su vida y en la de su esposo, el hermano Joel Chibota, mientras se preparaban para concluir su servicio como líderes de misión en la Misión Alabama Birmingham, en junio de 2025.
“Justo antes de regresar, comencé a sentir que iba a servir en algún llamamiento después de volver a casa. He tenido algunas impresiones y sé que el Señor me estaba preparando para seguir sirviendo”.
Debido a esas impresiones, los últimos meses antes de su sostenimiento han fortalecido su testimonio de la revelación y de los profetas y apóstoles vivientes que reciben revelación del Padre Celestial.

Sobre todo, está entusiasmada por poder servir a ‘lo mejor de Dios: los niños pequeños”, dijo. “Los admiro mucho porque el Señor dijo que a menos que nos arrepintamos y lleguemos a ser como niños pequeños, no podremos entrar en el reino de los cielos (véase Mateo 18:3; Mosíah 3:19; y 3 Nefi 11:37-38). Realmente estoy ansiosa por aprender de ellos y llegar a ser mejor por estar a su lado”.
La presidenta Chibota nació en Bulawayo, Zimbabue, hija de padres malauíes. Este llamamiento es la primera vez que una persona africana liderará la presidencia general de una organización de la Iglesia. Comentó que ha recibido muchos mensajes de amor y apoyo de personas de distintas culturas y orígenes.
Aunque ella dijo que esa no es la razón por la cual se le extendió el llamamiento, sí forma parte de ello, al igual que cuando su esposo, siendo un hombre negro, fue llamado como presidente de misión en Alabama. Ella cree que el Señor “nos llama por quienes somos”.
La presidenta Chibota dijo que el hecho de que el hermano Chibota fuera un hombre negro en el sur de los Estados unidos tuvo un efecto positivo en muchas personas. Explicó que las personas sentían el Espíritu cuando él hablaba, y eso cambió muchas actitudes y ayudó a sanar prejuicios.
Servir como líderes de misión fue una gran bendición, dijo la presidenta Chibota. “Aquellos hombres y mujeres jóvenes, esos misioneros maravillosos, son fantásticos”.
El hermano Chibota dijo que el Señor aumenta la capacidad de amar; de “amar de manera sincera”, agregó.
La presidenta Chibota dijo que, muchas veces cuando se invita a las personas a servir al Señor, lo consideran un sacrificio. Sin embargo, mientras fue líder de misión, aprendió que los llamamientos son un regalo del Señor.
“Cuando aceptas ese regalo, el Señor aumenta tu capacidad para servir. Él te bendice con los dones y talentos necesarios para cumplir ese llamamiento, los cuales no tendrías de otra manera”.
Al ver cuánto el Señor aumentó su capacidad de amar y servir mientras trabajaba con los misioneros, espera su nuevo llamamiento con mucho entusiasmo.
“Ya siento un amor inmenso por los niños de la Primaria. Me entusiasma recibir una mayor capacidad para servirles y amarlos, algo que sé que el Señor me concederá como una bendición”.
Una pregunta inspirada
La presidenta Chibota es la novena de 10 hijos. Sus padres fueron criados en la fe cristiana en Malawi, su abuelo materno era sacerdote presbiteriano y jefe de la aldea. Él fue un pionero de la fe en su familia, dijo ella.
Sus padres organizaron una rama de la Iglesia Presbiteriana dentro del complejo donde vivían en Bulawayo, Zimbabue, para atender a trabajadores inmigrantes del norte de Malawi que habían llegado en busca de empleo. Ella creció en un hogar de fe donde leían juntos las escrituras todos los días.
Recuerda que un día, cuando era muy pequeña, estaba sentada en el regazo de su padre mientras él leía en Éxodo el pasaje sobre la zarza ardiente. Entonces, le preguntó a su padre: “¿Cómo es Dios?”. En aquel momento no se dio cuenta de que fue una pregunta inspirada y que motivaría su búsqueda del evangelio restaurado de Jesucristo. Sus padres le permitieron asistir a otras iglesias con sus amigos, donde buscaba la respuesta a aquella pregunta.
La presidenta Chibota creció durante la Guerra de Independencia de Zimbabue; en aquella época había ciertos lugares donde su familia no podía vivir debido al color de su piel. Cuando la guerra terminó en 1980 y el país se convirtió en una nación independiente, sus padres buscaron un nuevo hogar para la familia.
La mano del Señor estuvo presente durante la búsqueda de la nueva casa, dijo la presidenta Chibota, porque sus padres encontraron una vivienda que, con el correr de los años, estaría a corta distancia de un centro de reuniones de los Santos de los Últimos Días.
La presidenta Chibota había continuado asistiendo a distintas iglesias mientras buscaba la verdad. Entonces, un día de 1984, cuando tenía unos 17 años, al llegar a casa después de la escuela encontró un folleto con la imagen de un joven orando en una arboleda, con dos seres celestiales más arriba de él. Inmediatamente lo tomó, ya que sintió que contenía la respuesta a su pregunta de cómo es Dios.
“Me lo llevé a mi habitación y lo leí. Inmediatamente obtuve un testimonio de que esto era verdad y de que este joven, José Smith, había visto a Dios y a Jesucristo. Obtuve ese testimonio en mi habitación, completamente sola. Supe que esto era lo que había estado buscando”, dijo.
Los misioneros invitaron a la familia a asistir a la iglesia. Al entrar por primera vez a la capilla, la presidenta Chibota escuchó el himno “Venid a Cristo” y sintió que una profunda sensación de bienvenida le inundaba el corazón.
“Supe que estaba en mi hogar, que este era el lugar donde debía estar. Supe que esta era mi iglesia; esto era lo que había estado buscando”.
Con el paso de los años, su madre continuó alimentando a los misioneros, en tanto que su padre leía “Jesús el Cristo” y el Libro de Mormón; incluso enseñaba utilizando estos libros y regalaba ejemplares en la congregación de su iglesia. “Él fue un misionero aun antes de ser miembro”, relató la presidenta Chibota.
Alrededor de 20 años después del bautismo de la presidenta Chibota, sus padres también fueron bautizados.
Debido a su propia búsqueda del evangelio restaurado, ella conoce cuál es la fórmula para recibir respuestas a las preguntas: “Pensar en ellas, orar al respecto, meditar, buscar respuestas, y, entonces, el Señor responderá nuestras preguntas”.
Un sueño que marcó el camino hacia el bautismo
El hermano Chibota creció en un entorno cristiano, en una región de Zimbabue, distinta de aquella donde se crio la presidenta Chibota.
Él también tenía preguntas y asistió a diferentes iglesias y congregaciones. Al sentirse frustrado en su búsqueda, pensó que lo mejor sería estudiar la Biblia y cantar himnos por su cuenta en su habitación los domingos.
“Hice eso durante un mes aproximadamente, pero sentía un vacío. Sentía que necesitaba pertenecer a una iglesia. Algo faltaba en mi vida”, dijo.
Un día, cuando él tenía unos 19 años, tuvo un sueño muy vívido en el que veía un edificio cuya fachada tenía letras que no lograba reconocer. Mas adelante, mientras iba en bicicleta, sintió una impresión que lo impulsaba a tomar cierto camino. Después de recorrer unos ocho kilómetros (cinco millas), vio el edificio de su sueño y lo reconoció. Entonces pudo leer el nombre: “La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos Días”.
Una vez que regresó a casa se lo contó a su primo, quien tomó prestada la bicicleta y salió de inmediato hacia el lugar. Volvió con una gran sonrisa y dijo que había concertado una cita con los misioneros para esa misma noche, así podrían informarse más. Como la bicicleta solo podía llevar a una persona, ambos recorrieron a pie los ocho kilómetros (cinco millas) hasta la capilla para asistir a la cita.
Los misioneros contestaron las preguntas que el hermano Chibota había tenido durante muchos años. “El Espíritu era tan fuerte que supimos que este era el cambio que habíamos estado buscando”.
Tres semanas después, el 22 de junio de 1984, él y su primo fueron bautizados. Apenas dos meses después, el 8 de septiembre de 1984, su hermano fue bautizado.
De casamentera a esposa
Mientras que el hermano Chibota fue llamado a servir una misión de tiempo completo en la Misión Inglaterra Londres Sur, su hermano sirvió en la región sur de Zimbabue y conoció a la presidenta Chibota en su rama. Él le comentó que tenía un hermano sirviendo en Inglaterra. “Nunca olvidé esa conversación”, dijo ella.
Unos años después, el hermano de Chibota regresó a visitar la zona donde había servido. Volvió a encontrarse con la presidenta Chibota y le mencionó nuevamente a su hermano, señalando que aún estaba soltero.
A la presidenta Chibota le encantaba ayudar a otros a encontrar pareja y pensó que podría presentarle a alguien al hermano Chibota. Comenzaron a escribirse cartas casi todas las semanas.

El hermano Chibota incluyó su número de teléfono en una de las cartas, así que la presidenta Chibota decidió llamarlo. Cuando él atendió fue la primera vez que ella escuchó su voz. En ese instante, el Espíritu le dijo: “Ese es tu esposo”. Fue tan grande su sorpresa que se le cayó el teléfono y colgó de inmediato.
Poco después, su hermana mayor necesitaba ayuda con su familia en Harare, la misma ciudad donde residía el hermano Chibota. La presidenta Chibota asistió a la iglesia el primer domingo que estuvo allí y conoció en persona al hermano Chibota. Se casaron unos meses después.
“Se sentía claramente la presencia del Espíritu en todo”, dijo.
Los Chibota tienen una hija y se trasladaron a Utah hace 22 años. Antes de dejar Zimbabue, vivían en Bulawayo; en aquel momento la Iglesia tenía un distrito allí. Actualmente hay cuatro estacas en esa área, y Zimbabue recientemente recibió su primera casa del Señor, el Templo de Harare, Zimbabue (en inglés), que fue dedicado el 1 de marzo.
“Trabajamos arduamente durante muchos años para ayudar a edificar la Iglesia allí, así que ahora, ver los frutos de esa labor es realmente emocionante”, dijo la presidenta Chibota. “Ahora tenemos un templo, y la Iglesia ha crecido muchísimo”.
Acerca de la presidenta Rosemary K. Chibota

Acerca de la presidenta Rosemary K. Chibota
Familia: La presidenta Rosemary Khwimani Chibota nació el 16 de octubre de 1967, en Bulawayo, Zimbabue, hija de padres malauíes —Wellington Daniel Gondwe y Rosebelle Nyakabango Mwakasungula Gondwe. Contrajo matrimonio con Joel Basil Chibota en Bulawayo, el 13 de julio de 1996, y se sellaron en el Templo de Johannesburgo, Sudáfrica el 11 de septiembre de 1997. Tienen una hija.
Educación: Tiene una maestría de la Universidad Western Governors y una licenciatura de la Universidad Técnica de Colorado.
Empleo: Se desempeñó como generalista de recursos humanos para la Iglesia y como asistente ejecutiva sénior en la oficina de los Setenta.
Servicio en la Iglesia: Es maestra de Escuela Dominical e instructora de preparación misional de la estaca; anteriormente fue presidenta de las Mujeres Jóvenes de rama y de distrito; presidenta de la Sociedad de Socorro y consejera de la presidencia de la Primaria de rama; presidenta del comité de actividades del barrio y maestra de la Sociedad de Socorro, Primaria y seminarios. Sirvió como líder de misión junto a su esposo en la misión Alabama Birmingham.

