PROVO, Utah — Los misioneros Santos de los Últimos Días usan teléfonos inteligentes para estudiar, comunicarse y enseñar. Sin embargo, estos dispositivos necesitan una conexión de red para alcanzar su máxima capacidad.
De igual manera, el élder Ulisses Soares, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó que los misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no pueden vivir, cumplir su propósito ni tener éxito sin la influencia constante del Espíritu Santo, tanto en el servicio misional como a lo largo de su vida.
“Para alcanzar nuestro máximo potencial como misioneros, debemos esforzarnos por conectar nuestra mente y nuestro corazón con nuestro Padre Celestial y Jesucristo, por medio del Espíritu Santo”, dijo. Quizás esta sea una de las lecciones más importantes que podemos aprender durante nuestra misión, una que nos bendecirá al recorrer la senda del convenio hacia la vida eterna.
Acompañado por su esposa, la hermana Rosana Soares, el élder Soares habló sobre el poder y la función del Espíritu en la obra misional en un devocional para nuevos líderes de misión y misioneros durante el Seminario para Nuevos Líderes de Misión 2025, el sábado, 21 de junio. El devocional, celebrado en el Centro de Capacitación Misional de Provo, Utah, se transmitió a centros de capacitación de todo el mundo.
En sus palabras, el élder Soares habló sobre cuatro funciones vitales del Espíritu Santo en la obra misional.

Una guía
Una función que desempeña el Espíritu Santo en la obra misional es guiar a los misioneros en lo que deben decir y hacer. Retomando su analogía del teléfono inteligente, el élder Soares dijo que conectarse con el Espíritu Santo, o la “red espiritual”, permite recibir la inspiración para hacer lo correcto.
“Cuando hacemos lo correcto, nos sentimos bien, y en ese momento sabemos que el Espíritu Santo nos guía”, dijo. “Cada vez que nos sentimos invitados o inspirados a hacer el bien, a amar a Dios y servirle, somos inspirados por el Espíritu Santo”.
Por invitación de su esposo, la hermana Soares compartió que, durante su tiempo como líderes de misión en Portugal, intentaba ayudar a sus dos hijos pequeños a centrarse en el espíritu de adoración en la reunión sacramental cuando recibió una fuerte impresión de dos pasajes del Libro de Mormón. La impresión cobró sentido cuando, inesperadamente, la anunciaron como la primera oradora.
“El Señor sabía lo que yo desconocía, y ya me había preparado”, dijo. “El Señor no me dejó sola. Él tampoco los dejará solos. Sentí como si hubiera un canal constante entre el cielo y la tierra, siempre abierto”.
Testificar de la verdad

Otra función del Espíritu Santo es testificar la verdad en el corazón de las personas, lo cual es fundamental para la conversión.
“El Espíritu Santo obra en el corazón de quienes buscan sinceramente la verdad, incluso antes del bautismo, para lograr la conversión”, dijo el élder Soares. “Él es el verdadero maestro, no nosotros. Somos solo instrumentos en Sus manos”.
Refiriéndose al capítulo 10 de “Predicad Mi Evangelio: Una guía para compartir el Evangelio de Jesucristo”, el élder Soares enfatizó que enseñar por el Espíritu requiere aprender el Evangelio, preparación, obediencia y la disposición a seguir las impresiones.
“Al sentir la obra del Espíritu a través de nosotros, dando testimonio de Jesucristo, llegaremos a reconocer que somos parte de algo sagrado: ayudar a las almas a venir a Él”, dijo el élder Soares. “Cuando enseñamos por el Espíritu, no solo estamos transmitiendo un mensaje; estamos invitando a otros a experimentar el amor y el poder de Dios en sus vidas”.
Santificar y fortalecer

Una tercera función del Espíritu Santo en la obra misional es santificar y fortalecer a los misioneros.
Esto implica la oración constante, el estudio de las Escrituras, la obediencia, guardar los convenios, el arrepentimiento diario y la búsqueda del perdón, participar de la Santa Cena y pedir la ayuda del Señor.
“Al esforzarnos por cumplir con nuestros sagrados llamamientos, el Espíritu Santo puede refinar nuestro corazón, purificar nuestros deseos y profundizar nuestro compromiso con el Señor”, dijo el élder Soares. “Para recibir esta influencia santificadora, necesitamos vivir dignamente y procurar alinear nuestra vida con las enseñanzas del evangelio de Jesucristo”.
Maestro de por vida
El élder Soares dijo que el Espíritu Santo puede seguir siendo un guía, consolador y maestro de por vida, mucho después de que termine una misión.
“A medida que aprendemos a recibir la revelación y a actuar conforme a ella, y a medida que fortalecemos esa capacidad durante nuestras misiones, se convierte en una bendición para toda la vida”, dijo. “Estos hábitos espirituales tienen el propósito de sostenernos a lo largo de nuestra vida: en nuestras familias, nuestros llamamientos, nuestra educación y nuestros esfuerzos por edificar el reino de Dios”.
El élder Soares concluyó con su testimonio del Salvador y del poder del Espíritu Santo.

