HANNOVER, Alemania — Hablando en una pintoresca ciudad ubicada en el cruce de vías férreas y autopistas en el corazón de Alemania, el élder Jeffrey R. Holland ofreció un poderoso testimonio: “Dios está en nuestra vida”, dijo él.
“Quiero comenzar con la declaración de que Dios los ama y me ama. Y nos ama a pesar de nuestras insuficiencias y a pesar de nuestros errores…”, dijo el élder Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles. “Se nos pide que lo amemos con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza. La razón por la que Él puede pedir eso es porque esa es la manera como Él nos ama.
“Cuando tengan dudas, y cuando estén en necesidad, e incluso cuando no tengan las respuestas a las oraciones que pensaban que tendrían o deseaban tener o que se prometieron tener o que lloraron por tener, recuerden, por encima de todo, que Dios los ama, de la manera en que nos ha pedido que lo amemos”.
Hablando el 4 de noviembre a los Santos de los Últimos Días menores de 35 años, el primer día de una visita ministerial a tres países en Europa, el élder Holland dirigió sus pensamientos a su esposa, la hermana Patricia Terry Holland, quien tiene ascendencia en esta parte de Europa y que, hace unos años, estaba tan enferma que los médicos no esperaban que viviera.
“Tal vez sea apropiado que, en estas tierras, en el idioma de sus raíces y su origen, pueda estar con nosotros esta noche, un testimonio del poder del sacerdocio, el amor de Dios y las respuestas a las oraciones”, dijo el élder Holland.

En el otoño de 2014, la hermana Holland se acostó con un resfriado en el pecho y se despertó a la mañana siguiente sin poder respirar.
El élder Holland y sus hijos se sentaron con la hermana Holland durante días mientras su capacidad pulmonar se deterioraba al 15 por ciento. Un neumólogo que también era Santo de los Últimos Días le pidió al élder Holland que reuniera a su familia. “Teníamos médicos allí, teníamos enfermeras allí, teníamos técnicos allí, teníamos a todo el mundo allí. Todos estaban llorando, excepto ella”.
La hermana Holland estaba ministrando, ayudando a todos sus seres queridos a lidiar con lo que ella pensó que sería inevitable.
El élder Holland no está seguro de por qué su esposa se recuperó y otras personas igualmente enfermas no, por qué él y su familia recibieron respuesta a sus oraciones. O por qué algunas familias no experimentan un milagro similar.
Pero con su esposa a su lado, después de viajar por todo el mundo como testigo especial de Jesucristo, el élder Holland testificó sobre los milagros y el amor de Dios.
Es un poderoso testimonio que no solo compartió al final de sus comentarios, sino también al principio.
“Dios escucha y contesta las oraciones”, dijo él.
El élder Holland le dijo a la congregación que él y la hermana Holland se sientían humildes y honrados de que “tantas personas buenas que hacen tantas cosas buenas” hubieran venido para la reunión.
Esta, dijo él, es la “más grande de todas las dispensaciones”, porque a diferencia de las dispensaciones del pasado, no hay manera de huir de Babilonia, solo la responsabilidad de conquistarla.
“Están llamados a hacer lo que ninguna otra generación, ninguna otra dispensación ha tenido que hacer. Deben dejar de huir, dar media vuelta y enfrentarse a Babilonia y salir victoriosos”.

Conociendo a Dios
Muchos Santos de los Últimos Días presentes en la reunión se sintieron fortalecidos por el testimonio del élder Holland para enfrentar sus propios desafíos.
Eliza Staiger llegó a la reunión con una oración en el corazón y el deseo de ser valiente. “Muchos de nuestros amigos están dejando la Iglesia en este momento”, dijo ella, expresando su esperanza de “saber cómo ayudarlos”.
Ella obtuvo fortaleza del testimonio del élder Holland. “Él testificó de cosas que yo también sé que son ciertas”, dijo. “Se podía sentir su amor por el Evangelio, por Jesucristo y por toda la Iglesia”.
Ella salió de la reunión con fuerzas renovadas y alegría para compartir su testimonio.
Rachel Zander dijo que su desafío es “encontrar su lugar en la Iglesia”, especialmente después de no haber podido asistir a la Iglesia durante la pandemia de COVID-19. “Tenemos que volver a encontrar nuestro lugar, encontrar a dónde pertenecemos”, dijo ella. “Era importante sentir el espíritu. A veces no se trata de lo que dice la gente, sino de cómo te sientes. Me sentí bien al estar aquí”.
Sara Haferstroh acudió a la reunión en busca de respuestas. Se sorprendió al encontrarlas. Durante sus comentarios, la hermana Holland pidió a la congregación que buscaran la esperanza y la caridad. Sus palabras confirmaron los sentimientos que Haferstroh había tenido recientemente mientras leía el Libro de Mormón.
Tobias Kroes dijo que muchos Santos de los Últimos Días alemanes lidian con la ansiedad y la soledad. Mientras escuchaba al élder Holland, encontró paz y comprendió que la vida puede ser un fuego purificador.
Sebastian Harth acaba de comenzar en el colegio de odontología y es el único Santo de los Últimos Días en el programa. Él anhela tener la fuerza para no dejarse influenciar por el mundo. Mientras escuchaba el testimonio del élder Holland, se dio cuenta de que sus luchas son una oportunidad para conocer a Dios de una manera que no tendría sin sus experiencias.
Sebastian Keil escuchó mientras el élder Holland hablaba del estado del mundo. “No hay desierto, no hay lugar para huir”, dijo él. “Estamos llamados a estar en el mundo, pero no ser del mundo”.

‘El poder de Dios’
El élder Holland estuvo acompañado en la reunión por el élder Brent H. Nielson, de la Presidencia de los Setenta y su esposa, la hermana Marcia B. Nielson, y el élder Erich W. Kopischke de la Presidencia del Área Europa Central y Setenta Autoridad General y su esposa, la hermana Christiane G. Kopischke.
El élder Kopischke pidió a la congregación que abrieran los oídos y el corazón al mensaje del élder Holland. “Les prometo que el espíritu les hablará”, dijo él.
La hermana Kopischke habló de vencer la ansiedad con la ayuda del Señor. “Las Escrituras me dan conocimiento y me enseñan sobre el carácter de Cristo”, dijo ella. “El Señor los ayudó en su hora de necesidad y el Señor me ayuda”.
La hermana Nielson habló de aprender a escuchar la voz del Señor, al igual que los audífonos aumentan su capacidad para escuchar la palabra hablada. “Todos tenemos la oportunidad de escucharlo mejor”, dijo ella.
El élder Nielson, ex director ejecutivo del Departamento Misional de la Iglesia, habló sobre los desafíos que la pandemia trajo a la obra misional, especialmente al principio cuando la pandemia se intensificó y las naciones cerraron sus fronteras.
Citando al élder Holland, él habló sobre de la comprensión de que la Iglesia “no llegó tan lejos solo para llegar tan lejos”. La obra misional avanzó gracias a la pandemia y a pesar de ella. “Su asombrosa generación realizó un milagro”, dijo él.
La hermana Holland habló de su origen en esta parte del mundo y de la fuerza que obtiene de ella.
Después de ocho décadas de vida, ella reflexionó sobre cómo era volver a ser una mujer joven. Si pudiera volver atrás, se preguntaba cómo viviría la vida con más esperanza.
“Simplificaría. Simplemente haría la vida mucho más sencilla”, dijo ella. “Me gustaría empezar de nuevo y practicar encontrando alegría en las cosas sencillas”.
La fe es creer en Dios, dijo ella. La esperanza es sentir Su amor. Y la caridad es para que “Él pueda actuar a través de nosotros”.
“Solo hay un poder, y ese es el poder de Dios”, dijo ella.

