Como editor de Church News, la conferencia general es la mejor época del año. Cuando recibí mi título en periodismo, me encantaba cubrir eventos deportivos y noticias. Décadas después, sigo disfrutando de cubrir las noticias a medida que ocurren, y no hay mejores noticias para publicar que las buenas nuevas del evangelio de Jesucristo.
Cubrir la conferencia general es algo similar, pero a la vez completamente diferente a cubrir deportes y noticias. Ver cómo se desarrolla una gran jugada en la cancha y escuchar un mensaje del evangelio explicado de tal manera que ayuda a contestar una oración pueden hacerme sonreír. Sin embargo, recibir respuesta a una oración ayuda a fortalecer un fundamento eterno, algo que un evento deportivo no puede hacer.
Aunque deseo participar en la conferencia general con la misma emoción con que algunas personas esperan un gran partido o torneo, hace seis meses algo frenó en seco mi entusiasmo.
En la mañana del sábado 4 de abril, me desperté antes del amanecer con un dolor que solo podría describir como la sensación de que un puercoespín quería meterse en mi ojo. Mi esposa me llevó rápidamente al médico quien me puso un gel anestésico en el ojo para evaluar la situación.
Como el dolor iba desapareciendo, me preparé para darle las gracias al médico y dirigirme a la oficina para cubrir dos días de mensajes de los líderes de la Iglesia. El dolor no había logrado disminuir mi entusiasmo. Sin embargo, el médico no era tan optimista respecto a mi plan.
Solo porque no podía sentir dolor en aquel momento no significaba que el problema hubiera desaparecido. El medicamento que había aliviado temporalmente el dolor le concedía al médico más tiempo para averiguar lo que ocurría. Una vez finalizada la evaluación, me informó que se trataba de una afección que requeriría tiempo, medicamentos y descanso para sanar.
Le expliqué que necesitaba estar en el trabajo durante dos días y que con gusto me tomaría tiempo para descansar después del fin de semana. Amablemente me explicó que esta era una pésima idea que podría tener consecuencias permanentes para mi vista.
No podría cubrir la conferencia general. Tampoco podría ver la conferencia general. Me recetó una gran cantidad de gotas para los ojos y me indicó que permaneciera en una habitación oscura durante dos días, hasta que un especialista pudiera examinarme después del fin de semana.
Church News cuenta con un gran equipo de profesionales capacitados y entregados a su trabajo que siguieron adelante sin perder el ritmo, y desde entonces mis ojos han recibido la atención necesaria para ayudar a prevenir problemas en el futuro.
Esta experiencia me obligó a participar de la conferencia general de una manera diferente a como lo había hecho antes. No podía ver a los discursantes ni a los músicos. No podía ver las imágenes de la Manzana del Templo a medida que avanzaban las obras de renovación. No podía ver en la pantalla de la televisión cómo se escribía el apellido del nuevo Setenta Autoridad General, el élder Clement Matswagothata cuando habló. Y no podía tomar notas, al menos no de manera legible, como lo había hecho desde que era un niño.
La conferencia comenzó con un llamado que parecía estar dirigido especialmente a mí: “Cuando oímos al profeta”. Y yo necesitaba escuchar; tenía que escuchar. Esta vez, no había ninguna otra manera de participar de la conferencia.
“¡Hosanna! Gloria y honra elevemos al Señor;
porque nos ama y nos conoce se nos enseñó.
¡Del gran profeta, oh naciones, escuchad la voz;
pues él posee las llaves y la autoridad de Dios!”.
Aunque no pude escribir resúmenes de noticias ni extractos de los mensajes, sí pude escuchar al Profeta. Y eso hice. No era la experiencia que había planeado, pero era la experiencia que necesitaba.
Al concluir la conferencia, me concentré en los verbos que utilizó el presidente de la Iglesia, Dallin H. Oaks, en su último mensaje del fin de semana.
“El Espíritu del Señor nos ha inspirado a todos a concentrar nuestra adoración, centrar nuestro aprendizaje y unir nuestro testimonio en las enseñanzas del Señor Jesucristo y en el plan de Su Padre para nuestro crecimiento y gozo eternos”, dijo.
Inspirar, concentrar, enfocar, unir —no tuve que ver ni mirar la conferencia para sentir o hacer esas cosas.
Cuando invitó a todos a repasar las enseñanzas de la conferencia, no nos dijo que las viéramos. Nos pidió “estudiarl[a]s y meditarl[a]s”; “actuar con fe”; “atesorar[arlas]”; “actu[ar] de acuerdo” y “[seguir] las instrucciones” que se nos den.
Sentado en la oscuridad, escuché mensajes inspirados y sentí el Espíritu Santo. Ya sea que escuchemos, veamos o leamos los mensajes de otra conferencia general, sé que el Padre Celestial nos ayudará a aprender lo que necesitamos saber de acuerdo con nuestras circunstancias particulares.
— Jon Ryan Jensen es el editor del Church News.
