Los hombres y las mujeres jóvenes de la Estaca Brambleton, Virginia, de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tuvieron la oportunidad de vislumbrar la vida misional y, además, fortalecieron su confianza para compartir el evangelio con los demás, durante “una noche de CCM” el mes pasado.
Cerca de 60 jóvenes de los Barrios Brambleton y Tall Cedars asistieron a la actividad que se llevó a cabo el 15 de marzo, en la que recibieron enseñanzas de los misioneros de tiempo completo que sirven en la Misión Washington D. C. Sur y de un miembro de la presidencia de la misión. También asistieron líderes de barrio y de estaca.
Erek Dan, de 18 años, del Barrio Brambleton, dijo que la actividad lo acercó más al Salvador, Jesucristo.
“Creo que esta actividad realmente me ha ayudado a estar más dispuesto a tomar sobre mí el nombre de Cristo de una manera más sincera y plena, en lugar de quedarme en segundo plano y no seguir las impresiones ni actuar de acuerdo con ellas cuando se presentan”.

Phebe Brown, de 15 años, del Barrio Tall Cedars, dijo que la actividad le enseñó sobre el trabajo arduo y las bendiciones de ser una misionera.
“La ‘noche del CCM’ para jóvenes realmente me abrió los ojos a la poderosa felicidad de compartir el evangelio”, dijo Phebe. “Tengo dos hermanos que están sirviendo misiones ahora, y comprendo un poco mejor lo que hacen, cómo bendicen a los demás y cómo se siente testificar todos los días”.
‘En realidad, estábamos aprendiendo a ser misioneros de verdad’
Stephen T. Funk, el segundo consejero del obispado del Barrio Brambleton, dijo que los obispados y las presidencias de las Mujeres Jóvenes de ambos barrios planearon y coordinaron la actividad.
Los barrios invitaron a sus jóvenes enviándoles “llamamientos misionales” y asignándoles un compañerismo por la duración de la actividad.
Cuando los jóvenes llegaron, fueron recibidos por misioneros de tiempo completo que les entregaron un gafete, una copia de “Predicad Mi Evangelio” y una tarjeta donde se les explicaba su asignación, se les indicaba quién era su compañero y el programa de rotación, explicó Funk.

La actividad comenzó en la capilla. Dan condujo la reunión y quedó impresionado no solo por el gran número de jóvenes que asistieron de ambos barrios, sino también por su participación constante durante toda la actividad.
“Experimenté una calidez espiritual y un fuerte sentido de unidad”, dijo. “Estábamos todos juntos, participando juntos. Sinceramente, sentí que, de alguna manera, estábamos aprendiendo a ser misioneros de verdad, en vez de ser simplemente una actividad simulada”.
Funk compartió su experiencia como converso a la Iglesia y testificó que hay personas —como él mismo lo fue en su momento— que están esperando escuchar el evangelio.
“Para reafirmar ese mensaje, invité a uno de los misioneros que me enseñó, el hermano Mike Owen, a acompañarme. Asistió al evento y más tarde participó como ‘amigo’ durante la práctica de la enseñanza. Fue un momento impactante para los jóvenes, al darse cuenta del efecto duradero de la obra misional, incluso casi 30 años después”, dijo Funk.
Los misioneros hablaron sobre cómo llevar a cabo una lección del evangelio, y después los jóvenes rotaban para participar en tres sesiones de 20 minutos: una misional de preguntas y respuestas, una de capacitación en lingüística y una en la que practicaron una cita de enseñanza.
El presidente Mark Thomas, primer consejero de la presidencia de la Misión Washington D. C. Sur, dirigió las sesiones de preguntas y respuestas junto con su esposa.
“Estábamos sumamente felices de estar allí con tantos jóvenes maravillosos, claramente emocionados por la oportunidad de servir una misión”, dijo el presidente Thomas
Los jóvenes llegaron a la actividad con preguntas, dudas y preocupaciones, como qué sucedería durante la misión, si serían capaces de sobrellevarlo y si estarían a la altura.
“Lo que resultó claro fue cómo sentíamos el amor del Salvador por ellos al responder sus preguntas”, dijo el presidente Thomas. “Se percibía en el Espíritu tan fuerte y en la emoción que experimentamos”
Añadió que el hecho de que los jóvenes vinieran a la actividad “era una clara señal de que sabían dónde querían estar”. Él los ayudó a comprender que son valientes, que son cuidados y bendecidos a través de sus convenios y deseos rectos.
Un aumento del deseo de servir una misión
Esther Fenimiore, de 15 años, del Barrio Brambleton, dijo que lo que más le gustó de la actividad fue la oportunidad de hacerle preguntas al presidente y a la hermana Thomas y aprender de ellos.
También dijo que sintió el espíritu cuando las personas compartieron sus testimonios durante la velada. Aprendió que puede fortalecer su propio testimonio de muchas maneras, mejorar su estudio de las escrituras y llegar a conocer mejor al Salvador.
“Siempre he querido servir una misión y esto solo hizo que lo deseara aún más”, dijo Esther
Phebe disfrutó conocer las experiencias misionales de otras personas. Cuando practicó cómo enseñar a otros, al principio le resultó difícil, pero después, aprendió de las hermanas misioneras de tiempo completo cómo hablar del evangelio, referirse a las escrituras y compartir su testimonio.
“Fortaleció mi confianza para ir a una misión e incluso aumentó mi deseo de hacerlo. Vi la felicidad que tienen esas hermanas”, dijo Phebe. “Me hizo sentir más cerca de Jesucristo porque esta es Su obra y la estamos llevando a cabo en la tierra”.

Belle Price, de 16 años, del Barrio Brambleton, consideró que la actividad salió muy bien. Le gustó que la presidencia de la misión participara y disfrutó trabajar con los misioneros.
“Aprendimos idiomas y a enseñar el evangelio a las personas. Aprendí francés, eso fue genial. Además, aprendí a enseñar mejor a las personas sobre Cristo, como lo haría un misionero”, dijo Belle.
Dan dijo que también disfrutó de la sesión donde aprendió el idioma del país que le habían asignado, que era Alemania.
“Estudio alemán en la secundaria. Por eso fue muy interesante aprender sobre un misionero que sirvió en Alemania”, dijo.
Dan tiene planes de servir una misión, pero antes de asistir a la noche del CCM, dijo que sentía algo de nerviosismo o ansiedad por lo desconocido. Sin embargo, esta actividad lo ayudó a comprender mejor cómo es una misión, especialmente durante la rotación en la que practicó enseñarle a alguien sobre el evangelio.
“Me dio una idea más real de lo que podría ser, y eso marcó una gran diferencia para mí”, explicó Dan. “Me dio más confianza al saber que, no necesito saber lo que me espera, ni todos los detalles, porque sé que el Espíritu Santo me guiará en esos momentos”.
Kasey Kanekoa, obispo del Barrio Brambleton participó en una de las sesiones de enseñanza. Dos de las mujeres jóvenes de su barrio enseñaron sobre la naturaleza de Dios, y él dijo que testificaron de forma sincera y auténtica de verdades eternas.
“Sé que nuestras mujeres jóvenes, los que participábamos en las representaciones y yo sentimos que el Espíritu nos hablaba. También sé que experimentar esto, incluso en una representación demuestra a nuestros jóvenes el nivel de apoyo y confianza que pueden tener al prepararse para ser misioneros de tiempo completo”, dijo el obispo Kanekoa.
