En la dedicación de la planta principal del Templo de St. George, Utah—la primera casa de Señor finalizada en Utah— Brigham Young les declaró que los Santos de los Últimos Días que “estamos disfrutando de privilegios que nadie más en toda la faz de la tierra disfruta … Cuando pienso en ello, quisiera que las lenguas de siete truenos despertasen a la gente” (“Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Brigham Young”, Capítulo 41: Las ordenanzas del templo).
Al dirigirse a los estudiantes y al personal docente de Ensign College reunidos en el Teatro del Centro de Conferencias para escuchar el devocional semanal del campus el martes 27 de enero, Sarah Jane Weaver, la editora de Deseret News, compartió las palabras de Brigham Young y destacó: “Hoy, como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, vivimos en la época de mayor construcción de templos en toda esta dispensación”.

Actualmente la Iglesia tiene 213 templos dedicados, seis con la dedicación programada para este año, 56 en proceso de construcción, uno con fecha para la palada inicial y 107 en la etapa de planificación y diseño.
“Su generación es la heredera espiritual de generaciones de miembros fieles que hicieron sacrificios para edificar y asistir al templo —uniéndose al Salvador mediante ordenanzas y convenios sagrados”, expresó Weaver a los presentes. “Pero, ¿acaso necesitamos las ‘lenguas de siete truenos’ para despertar, como pueblo, a estas grandiosas bendiciones?”
Durante casi tres décadas, Weaver, recorrió el mundo como periodista y editora de Church News, siendo testigo y dejando constancia de las bendiciones que reciben los Santos de los Últimos Días fieles y unidos por convenios al adorar en la casa del Señor.
“Su generación no tendrá que vender sus pertenencias ni viajar grandes distancias para asistir al templo, como lo hicieron los primeros Santos en Nauvoo o generaciones posteriores en distintos lugares del mundo”, comentó Weaver. “Sin embargo, será necesario que hagan otro tipo de sacrificios por el templo a lo largo de su vida”.
Después, compartió ejemplos de Santos de los Últimos Días que había conocido en distintas partes del mundo y que hicieron sacrificios para asistir al templo.

Viajes de sacrificio a la casa del Señor
En 1963, el élder Benjamin Sinjoux, que entonces tenía 10 años, y su familia formaron parte de un grupo de 64 miembros de la Iglesia que viajaron desde la isla de Tahití hasta el Templo de Hamilton, Nueva Zelanda.
“La mayoría del grupo había ahorrado durante muchos años para poder realizar el viaje de casi 8000 kilómetros de ida y vuelta”, señaló Weaver.
El élder Sinjoux recordó que los cerros que rodeaban el templo de Hamilton estaban envueltos en una densa niebla, lo que hacía que el templo pareciera flotar en el aire. Al llegar, todos los miembros del grupo se arrodillaron en el autobús y ofreció una oración de agradecimiento.
Weaver destacó que: “Estos miembros pioneros, fueron los primeros de la Polinesia Francesa en participar en la obra del templo”.

El élder J. Christopher Lansing, un expresidente de misión y director de los Servicios de Hospitalidad de la Iglesia, le contó a Weaver cómo sus padres, Doris Rogers y Theodore Herbert Lansing, se unieron a la Iglesia en 1954 en Richmond, Virginia.
Su familia viajó desde Virginia antes de que se construyeran las autopistas interestatales, y en un automóvil sin aire acondicionado hasta el templo más cercano en Salt Lake City, a más de 3200 kilómetros (2000 millas).
El viaje a través del país estuvo lleno de dificultades, y cuando finalmente llegaron a Salt Lake City, el élder Lansing le dijo a Weaver que su padre seguía dando vueltas alrededor de la manzana del templo.
“Fue la primera vez que vi llorar a mi padre”, dijo el élder Lansig.

Weaver también recordó su entrevista con Nazaré Negreiros y su madre, Deluzita Guerreiro, miembros de la Iglesia de Manaos, una ciudad aislada en el norte de Brasil, rodeada de ríos y de la selva amazónica. En 2001, ambas se unieron a un grupo de Santos de los Últimos Días en una caravana hacia el Templo de San Pablo, Brasil, cuando su autobús fue asaltado por ladrones.
Aun así, la hermana Negreiros se negó a quejarse. “Estábamos muy Felices”, le dijo a Weaver. “Habíamos llegado al templo”.

Hoy en día, la mayoría de los Santos de los Últimos Días tienen un templo a unas dos horas de su hogar. “Es una bendición que no siempre estuvo al alcance de la mano”, dijo Weaver.
Durante el devocional del martes, Weaver aseguró a los asistentes: “Estos edificios son regalos de un amoroso Padre Celestial para cada uno de nosotros, nos está proporcionando un lugar donde podemos encontrar luz en medio de la obscuridad y paz en medio de la contención, un lugar donde quienes buscan a Jesucristo, pueden hallarlo”.

