Cuando un terremoto de magnitud 6,9 sacudió Cebú y las provincias circundantes el 30 de septiembre, el suelo agitó hogares, carreteras y negocios — y también sacudió la vida cotidiana de miles de familias.
Desde entonces, miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se han unido para apoyar a sus comunidades, ofreciendo refugio, suministros y servicio práctico, según informó la Sala de Prensa de la Iglesia en Filipinas.
Devastación nacional
Los deslizamientos de tierra arrasaron zonas montañosas, los edificios se derrumbaron y la infraestructura, como carreteras y puentes, sufrió graves daños.
Deseret News informó que hubo al menos 69 muertes, 200 heridos y docenas de edificios destruidos.

Con los esfuerzos de rescate ralentizados por el colapso de carreteras y cortes de energía, los gobiernos locales declararon estados de emergencia. Esa acción permitió que los fondos de emergencia y la ayuda fluyeran más rápidamente, pero las pérdidas en escuelas, hogares y sistemas de transporte ya se están contabilizando en millones.

Impacto en los Santos de los Últimos Días y misioneros

El alcance del terremoto se extendió a las congregaciones de Santos de los Últimos Días. Miles de miembros en Cebú y provincias vecinas se vieron afectados — algunos sufrieron heridas, muchos se vieron obligados a evacuar. Más de mil miembros abandonaron sus hogares, sin saber cuándo podrían regresar de manera segura.

Los líderes de la Iglesia confirmaron que todos los misioneros de tiempo completo en las áreas afectadas estaban a salvo y localizados. Al mismo tiempo, varios centros de reuniones fueron rápidamente convertidos en centros de evacuación, donde cientos de residentes desplazados encontraron refugio temporal. Incluso mientras las réplicas continuaban sacudiendo la región, las familias han permanecido en los edificios de la Iglesia, donde se sienten más seguras.
Respondiendo con servicio

En medio de la pérdida, los Santos de los Últimos Días locales se volcaron hacia los demás. Las estacas en Cebú establecieron centros de ayuda donde los miembros recolectaron alimentos, agua, kits de higiene y materiales para refugios temporales como tiendas de campaña y lonas. Se prepararon comidas calientes y se compartieron con los necesitados.

Voluntarios — muchos de ellos jóvenes y jóvenes adultos — se reunieron en centros de reuniones para empacar suministros y entregarlos a familias cuyas casas fueron dañadas o destruidas.
Apoyo coordinado

La Iglesia continúa monitoreando las condiciones y está trabajando con organizaciones gubernamentales y comunitarias para identificar las necesidades más urgentes. La comida, el agua limpia y el saneamiento siguen siendo prioridades.

Los líderes locales expresaron gratitud por la fe y la resiliencia de los miembros que, aunque afectados ellos mismos, encontraron maneras de ayudar a los demás.

Por décadas, la Iglesia ha ofrecido ayuda humanitaria en tiempos de crisis alrededor del mundo — proporcionando tanto ayuda inmediata, como alimentos y ropa, como apoyo a largo plazo para la reconstrucción y recuperación. La respuesta en Cebú es el capítulo más reciente en ese esfuerzo continuo para aliviar cargas y fortalecer comunidades después de un desastre.


