Después de que dos tifones se abatieran sobre Filipinas con pocos días de diferencia, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días está trabajando para proporcionar ayuda a casi 50000 personas.
El tifón Kalmaegi —conocido a nivel local como el tifón Tino— atravesó la región central del país el martes 4 de noviembre, haciendo caer, en un solo día, el equivalente a un mes y medio de lluvia en Cebu y otras provincias insulares centrales.
La tormenta causó más de 230 muertes y millones de personas se vieron afectadas.
Apenas unos días después, el domingo 9 de noviembre, el supertifón Fung-wong —conocido localmente como Uwan— tocó tierra en Luzon. Esta tormenta afectó extensas zonas del norte y centro de Luzon, en especial Aurora, Isabela, Catanduanes y Ifugao.

Este segundo tifón añadió aún más presión sobre los equipos locales de respuesta de emergencia y el gobierno declaró el estado de calamidad pública.
La Iglesia abrió las puertas de más de 240 centros de reuniones a los miembros y amigos que buscaban refugio de las tormentas o que habían sido desplazados por las inundaciones, según informó la Sala de Prensa de la Iglesia en Filipinas (en inglés).
La Iglesia también proporcionó alimentos, agua potable, servicios básicos, refugios temporales, luces de emergencia, artículos de higiene personal, utensilios para cocinar y equipos de comunicación.

Los miembros de la Iglesia de todo el país contribuyeron con comidas calientes, prendas de vestir, ropa de cama y otros artículos esenciales.
Según una publicación en redes sociales de la Sala de Prensa de la Iglesia en Filipinas (en inglés) del jueves 6 de noviembre, cerca de 6200 miembros de la Iglesia se han visto afectados por el tifón Kalmaegi, muchos de ellos con daños en sus viviendas así como pérdidas de bienes y pertenencias.
Muchas familias aún no han podido regresar a sus hogares y necesitan ayuda con las tareas de limpieza, de acuerdo con la Sala de Prensa de Filipinas.

Todos los misioneros que sirven en Filipinas se encuentran a salvo, han sido localizados y están proporcionando apoyo a las comunidades afectadas. Los daños en los centros de reuniones son mínimos y todos los templos están en funcionamiento.
El 12 de noviembre, la Sala de Prensa de Filipinas también publicó en redes sociales (en inglés) que la evaluación de las necesidades de ayuda sigue en proceso.
“Expresamos nuestro profundo agradecimiento a los líderes locales de la Iglesia, a los miembros y a los misioneros que demuestran el amor de Cristo y encarnan el espíritu filipino de bayanihan al seguir apoyándose unos a otros y [también] a su prójimo durante estos momentos tan difíciles”, dice la publicación en Facebook.


