Imaginen a un escalador al pie de un acantilado vertical de granito. La gravedad dificulta la escalada y el camino rara vez es directo. En cambio, el escalador utiliza un sistema de mosquetones y anclajes seguros clavados en la roca para descubrir el camino, un paso y un punto de apoyo a la vez.
De manera similar, los desafíos de la vida pueden ser difíciles de afrontar; pero con los mosquetones de los convenios que conectan a los escaladores con la roca de Jesucristo, las personas pueden llegar con éxito a la cima: alcanzar la presencia del Padre Celestial en Su gloria suprema.
El élder Edward B. Rowe, Setenta Autoridad General, hizo esta analogía al dar un discurso en un devocional en la Universidad Brigham Young en Provo, Utah, el martes, 4 de noviembre. Lo acompañaba su esposa, la hermana Brooke F. Rowe.
“La verdad fundamental de la analogía [de la escalada] es esta: solo al interactuar directamente con la Roca y, cuando resbalamos, al volver a interactuar con ella, podemos progresar hacia la cima”, dijo el élder Rowe. “De hecho, el Padre Celestial diseñó Su plan para que pudiéramos confiar en Cristo y Su Expiación e interactuar continuamente con ellos para ascender”.
‘Proyectando’ la escalada

Profundizando en la analogía, el élder Rowe dijo que la gravedad representa la oposición esencial para el plan del Padre Celestial, mientras que los resbalones y las caídas representan los pecados y los esfuerzos fallidos.
Afortunadamente, un escalador asegurado no se cae, dijo el élder Rowe, sin importar cuántas veces resbale y se encuentre suspendido en el aire. Y en la escalada, resbalar no se considera un fracaso; es parte de un proceso llamado “proyectar” que implica que el escalador haga varios intentos en una ruta hasta que supere los obstáculos.
“Debido a que el escalador está asegurado a los anclajes, cada resbalón es temporal, cada intento es seguro”, dijo el élder Rowe. El escalador puede confiar en los anclajes sólidos que le impedirán caer en picada mientras asciende.
Continuó: “Atados a la Roca del Cielo, cada contratiempo se convierte en parte del ascenso. Cada caída se puede recuperar. Cada paso adelante nos acerca a la cima. ... Y lo más importante, nuestra propia naturaleza cambia gracias a la escalada, cuando estamos firmemente anclados, a través de nuestras interacciones directas y repetidas con la Roca. Nos convertimos en escaladores más perfeccionados”.
Puntos de apoyo y asideros

El élder Rowe compartió sus propias experiencias al navegar el incierto “ascenso” de la vida. A los 18 años, tenía su vida planeada: jugar fútbol americano en BYU con su beca deportiva durante un año, servir en una misión, casarse con su novia de la preparatoria, tener una exitosa carrera universitaria en el fútbol americano, convertirse en cirujano ortopédico y tener una familia numerosa.
Pero seis años después, casi ninguno de esos planes se había concretado. Si bien el élder Rowe se había casado con su novia de la preparatoria después de su misión, la pareja experimentó infertilidad durante varios años, lo que postergó sus sueños de tener una familia numerosa.
El élder Rowe también sufrió una lesión el segundo día de práctica de fútbol americano durante su segundo año de preparatoria. Al estar fuera de juego, recibió repetidas sugerencias de dejar el fútbol americano y concentrarse en sus estudios.
Decidiendo confiar en Dios y adentrarse en lo desconocido, el élder Rowe dejó el fútbol americano, pero se sentía perdido sobre cuáles debían ser sus próximos pasos.
“Afortunadamente, seguí orando, yendo a la Iglesia y al templo”, dijo el élder Rowe. “No me amargué con Dios. Sentía como si estuviera colgando de mis mosquetones, buscando un camino a seguir, pero permanecí aferrado a mis puntos de apoyo”.

Un año después, el élder Rowe contó que oyó a otro estudiante hablar sobre estudiar ruso y sintió la necesidad de investigar. Se matriculó en Ruso 101 y de repente “sintió que había encontrado un punto de apoyo”.
Una clase llevó a otra, y entonces el élder Rowe se enteró de un programa que enviaba estudiantes a Rusia durante el verano. Tras una profunda reflexión y oración, el élder y la hermana Rowe decidieron que debía asistir. “Había aparecido otro asidero”.
Su tiempo en Rusia no siempre fue fácil, dijo el élder Rowe: su dominio del idioma era limitado y a veces su fe se ponía a prueba. Pero sus experiencias allí, en última instancia, allanaron el camino para su futuro, abriéndole las puertas a una buena facultad de derecho y a oportunidades para vivir en el extranjero.
Además, él y su esposa adoptaron a dos niños, y la hermana Rowe dio a luz a tres hijos más tarde. Aunque su camino no fue el que esperaba, profundizó la confianza del élder Rowe en Dios, afirmó.
‘Ánclense a Él’

El élder Rowe concluyó invitando a los alumnos a cultivar una confianza y un amor inquebrantables por Jesucristo.
“Si viven sus convenios lo mejor que puedan, guardando Sus mandamientos y arrepintiéndose con la frecuencia necesaria, llegarán a conocerlo”, dijo el élder Rowe. “Su confianza nacerá del Espíritu y crecerá. Estas son Sus promesas para ustedes. Ánclense a Él”.

