La Cruz Roja de Montenegro y La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días han estado trabajando juntas desde 2012. Desde entonces, han podido brindar ayuda y hacer donaciones a varias organizaciones humanitarias.
Solo el año pasado, se donaron 1500 sillas de ruedas a la Fundación Albanesa por los Derechos de las Personas con Discapacidades, según la Sala de Prensa de la Iglesia en Europa.
“Antes de trabajar con la Iglesia, la obtención de una silla de ruedas era un proceso muy complicado y largo para la mayoría de las personas que la necesitaban. En la actualidad, la Cruz Roja es una organización reconocida que suministra sillas de ruedas en cuestión de pocos días y de forma gratuita”, dijo Nataša Uskoković, asesora de relaciones internacionales de la Cruz Roja de Montenegro.
La colaboración entre organizaciones humanitarias proporciona beneficios mutuos para todos los involucrados. La reciente donación de sillas de ruedas permitirá a las personas de Europa moverse y adquirir una sensación de independencia y libertad.
Gael Yonnet, una usuaria de silla de ruedas y misionera humanitaria, dijo: “Como Iglesia, simplemente no contamos con los recursos necesarios para tener voluntarios sobre el terreno en todos los países y en todo momento. Pero al colaborar con estas organizaciones, que ya se encuentran establecidas en cada país y cuentan con redes para llegar a las personas, podemos trabajar de una manera mucho más eficaz”.

‘Una sensación renovada de esperanza y felicidad’
Para Fatbardha, cuyo apellido no se ha revelado, encontrar empleo siempre ha sido un reto para ella debido a su discapacidad física.
“La silla de ruedas me ha permitido moverme con más libertad, encontrarme con amigos y ocuparme de los quehaceres cotidianos”, dijo Fatbardha. “Antes me intimidaban las opiniones y la compasión de los demás, pero la silla de ruedas me ha devuelto parte de mi libertad. Ahora soy más fuerte, tanto física como emocionalmente”.
En Europa, la Iglesia trabaja con otras organizaciones para proporcionar ayuda y ayudar a las personas a construir su autosuficiencia e independencia.
Ilir Gashi, que trabaja para la organización humanitaria HANDIKOS, coordina la distribución de las sillas de ruedas donadas en Kosovo.
“Los destinatarios de nuestras sillas de ruedas recuperan la independencia, la movilidad y una sensación renovada de esperanza y felicidad, incluso después de haber sufrido un accidente que les ha cambiado la vida”, dijo Gashi. “Sin el apoyo de nuestros colaboradores, habría resultado imposible ofrecer la gran variedad de servicios que prestamos. Hoy puedo afirmar que no creo que haya nadie en Kosovo que necesite una silla de ruedas y no tenga acceso a una”.
Para que la silla de ruedas ayude al usuario según sus necesidades, debe ajustarse adecuadamente a la persona. Yonnet, que supervisa las donaciones de la Iglesia en Europa, capacita a los voluntarios para garantizar que cada silla de ruedas se adapte perfectamente a las necesidades de cada candidato.
“Una silla de ruedas es como un zapato”, dijo Yonnet. “Al igual que se necesitan unos zapatos de la talla adecuada y destinados a una actividad concreta, también se necesita una silla de ruedas que se ajuste bien a la actividad que se lleve a cabo; de lo contrario, podría provocar más daños y complicaciones”.
‘Una reacción en cadena de amor y generosidad’

Después de que le diagnosticaran una enfermedad neurológica autoinmune cuando era estudiante, Besmira, cuyo apellido no se dio a conocer, visitó el taller de sillas de ruedas de la Fundación Albanesa por los Derechos de las Personas con Discapacidades en Vore, Albania, y le prepararon una silla de ruedas.
Además de recibir una silla de ruedas, también recibió apoyo laboral de la ADRF (por sus siglas en inglés) y finalmente consiguió un puesto en las oficinas del primer ministro en Albania. “Al principio es difícil”, dijo Besmira, “pero una vez que te adaptas, empiezas a ver la silla de ruedas como una herramienta que te da independencia”.
Blerta Drenofci, directora ejecutiva de la ADRF, dijo que el apoyo de la Iglesia y otras organizaciones ayuda a brindar “independencia a las personas con discapacidades, lo que mejora su calidad de vida porque les permite participar en actividades comunitarias”.
Dijo que en países como Albania, la cooperación entre organizaciones es importante para llenar las carencias existentes: “Las donaciones de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días han contribuido a cumplir la misión de nuestra organización: mejorar la calidad de vida y proteger los derechos humanos de las personas con discapacidades”.
Yonnet dijo: “La caridad del Salvador se contagia y se extiende con facilidad. Cuanta más labor humanitaria hacemos en Su nombre, más animamos e inspiramos a otras personas a ser caritativas también. Es una reacción en cadena de amor y generosidad”.
Y continuó: “El presidente Spencer W. Kimball dijo que ‘por lo general, es por medio de otra persona que [Dios] atiende nuestras necesidades’. Como miembros de la Iglesia, tenemos la bendición de ser esa otra persona, de ser herramientas en Sus manos y de participar en Su obra aquí en la tierra”.

