PROVO, Utah — Las misiones son emocionantes, dijo la hermana Rebecca L. Craven, segunda consejera de la presidencia general de las Mujeres Jóvenes, a una audiencia de 1770 nuevos misioneros. Luego agregó una observación: una misión puede ser un poco intimidante.
“Harán cosas que tal vez nunca hayan hecho antes e irán a lugares en los que nunca han estado”, dijo la hermana Craven, quien sirvió con su esposo, Ron Craven, como líderes de misión en la Misión Carolina del Norte Charlotte de 2012 a 2015. “Eso podría causar un poco de aprensión, tal vez cierta falta de confianza o tal vez incluso un poco de ansiedad”.
¿Cómo pueden los misioneros tener éxito a pesar de estos desafíos? La hermana Craven invitó a los oyentes a mirar una foto de un partido de baloncesto. Su nieto de 11 años, Mackay, fue fotografiado bloqueando a un jugador mucho más grande en el equipo contrario.
Aunque tuvo pocas posibilidades de detener al jugador rival, Mackay tuvo éxito de otra manera, dijo ella.
“El éxito se ve diferente aquí de lo que otros pueden definir. Mackay está haciendo exactamente lo que el entrenador le pidió ― bloquear a un jugador grande. Su éxito se define por su esfuerzo por ser diligente y obediente a su entrenador y a las reglas del partido”.
En un devocional en el Centro de Capacitación Misional de Provo el martes, 18 de julio, la hermana Craven enseñó a los oyentes que la fuerza en la obra misional proviene del valor, el deseo de servir, la confianza en el plan de Dios y la capacidad de crecer.

Cómo los misioneros pueden adquirir ‘valor en las dificultades’
La hermana Craven le pidió a una hermana misionera de Dinamarca que leyera la frase en alemán “Mut Zur Lücke”, que aprendió del élder Dieter F. Uchtdorf, del Cuórum de los Doce Apóstoles. Aunque su significado no tiene una traducción directa al inglés, significa “valor en las dificultades”.
“Dificultades podrían ser aquellas cosas que no entendemos completamente o las preguntas que tenemos que aún no han sido respondidas. Dificultades pueden ser nuestra propia ansiedad, aprensión o debilidad. Podría significar que nuestros esfuerzos o los esfuerzos de los demás no son del todo perfectos”.
Cada persona atraviesa por “dificultades” en su vida, según la hermana Craven. Entonces, ¿Cómo enfrentamos estas dificultades?
“Con mucho valor”, dijo. “... Si persistimos en nuestros esfuerzos por vivir nuestros convenios lo mejor que podamos, el Señor aumentará nuestra capacidad y nos dará mayor valor en las dificultades de hoy, de mañana y siempre”.
Aceptar las dificultades significa “aceptar el hecho de que no lo sabemos todo”, permitir que confiemos en Cristo y dejar que Él prevalezca en nuestra vida.

‘Enfrentar las dificultades’ con determinación, confianza y capacidad
Además del valor, dijo la hermana Craven, los misioneros pueden “enfrentar las dificultades” con valentía a través de la determinación, la confianza y la capacidad.
Un poderoso deseo motivador puede ser el amor al Salvador: “Ese deseo requiere que yo haga algunas cosas que son difíciles, esas cosas aumentan mi confianza o ponen a prueba mis habilidades”.
Segundo, los misioneros pueden enfrentar las dificultades a través de la confianza. “Con confianza en Dios”, dijo, “podemos superar la duda, podemos fortalecer nuestro testimonio, podemos trabajar cuando no tenemos ganas de hacerlo… y podemos tomar la decisión de permanecer firmes en la senda de los convenios”.
Tercero, los siervos del Señor pueden reconocer su capacidad de crecer. Citando al presidente de la Iglesia, Russell M. Nelson, la hermana Craven dijo, “‘Tienen la capacidad de ser más inteligentes y sabios y tener más impacto en el mundo que cualquier generación anterior’”.
Ella dijo, “Tal vez notaron que el presidente Nelson no dijo que ‘son’ más inteligentes y más sabios, sino que tienen la ‘capacidad’ para serlo. Entonces, llegar a ser más inteligente y más sabio depende de sus esfuerzos para desarrollar continuamente su capacidad”.

Los misioneros pueden persistir hoy, mañana y siempre
La hermana Craven invitó a su hija, Kelli Frandsen, a compartir su experiencia al terminar su servicio en la Misión Australia Adelaida. Después de regresar a casa, quitarse la placa con su nombre fue fácil; la parte difícil fue darse cuenta de que nunca se la volvería a poner.
“Pero luego recordé que me enseñaron en mi misión que iba a ser misionera para siempre”, compartió Frandsen en el púlpito, “y que el nombre de Cristo estaba escrito permanentemente en mi corazón, y que mi propósito como misionera no había cambiado. Siempre me esforzaría por ser una representante y una discípula de mi Salvador de por vida”.

El Señor es el “mismo hoy, y mañana, y para siempre”, dijo la hermana Craven, citando Moroni 10:7. “¿No les encantaría que los describieran de la misma manera? Bueno, pueden serlo, al permitir intencionalmente que su misión los cambie hoy, mañana y para siempre”.
Los misioneros pueden dejar que su servicio misional los cambie mientras conservan lo que aprendieron. “Las lecciones que aprenden y los hábitos espirituales que desarrollan en su misión no pueden quedarse atrás. Son principios de hoy, mañana y para siempre”, dijo ella.
“... Lo que rogamos es que sus misiones los cambien por el resto de sus vidas”, continuó la hermana Craven. “Pero eso no puede suceder si al final de su misión, dejan todo lo que han aprendido en el fondo de su cajón de calcetines en su última área”.








