Después de que el élder Arnulfo Valenzuela terminó su servicio misional de tiempo completo hace más de 40 años, viajó a los Estados Unidos desde su México natal para trabajar y ahorrar dinero para asistir a la Universidad Brigham Young.
Sin embargo, un día recibió la fuerte impresión de que debía regresar a México. Él obedeció, pero pronto descubrió que su graduación de la escuela preparatoria de la Iglesia, la Academia de la Estaca Juárez, no era reconocida por el sistema educativo mexicano. Para ir a la universidad, tendría que regresar a los EE. UU., donde sus estudios de bachillerato eran aceptados, o reiniciar su educación preparatoria en México.
Debido a la dirección que había recibido del Espíritu, tomó la difícil decisión de quedarse en México y pasar tres años volviendo a estudiar el bachillerato.
“El Señor me ayudó a tomar la decisión correcta”, recordó el élder Valenzuela, ahora Setenta Autoridad General, durante un devocional de BYU–Idaho (en inglés) el martes, 17 de mayo. Al quedarme en México, “conocí a mi esposa, una de las mayores bendiciones de mi vida. Tuve una preparación académica adecuada y obtuve un excelente trabajo que me permitió criar una familia en el evangelio y proveerles todo lo necesario”.

Al dirigirse a los estudiantes y profesores reunidos en el BYU–Idaho Center en el campus de Rexburg, Idaho, el élder Valenzuela alentó a los oyentes a seguir las impresiones del Espíritu Santo en su vida diaria y reiteró la promesa hecha por el presidente Russell M. Nelson a los jóvenes de la Iglesia en 2018.
“Les prometo que si con sinceridad y constancia realizan la obra espiritual necesaria para desarrollar la habilidad crucial y espiritual de aprender a oír los susurros del Espíritu Santo, tendrán toda la orientación que necesitarán en su vida”, dijo el presidente Nelson. “Se les darán respuestas a sus preguntas a la manera y en el propio tiempo del Señor.” (“Juventud de Israel” (en inglés), Devocional mundial para los jóvenes).
El élder Valenzuela enseñó que el Espíritu Santo es el tercer miembro de la Trinidad, un personaje de espíritu que da testimonio del Padre y del Hijo y revela y enseña “la verdad de todas las cosas” (Moroni 10:5).
La comunicación del Espíritu Santo conlleva mucha más certeza que cualquier comunicación recibida a través de los sentidos naturales.
“Mientras nos esforzamos por permanecer en el sendero que conduce a la vida eterna, el Espíritu Santo puede guiarnos en nuestras decisiones y protegernos del peligro físico y espiritual”, prometió el élder Valenzuela.
A través del Espíritu Santo, las personas pueden recibir los dones del Espíritu y saber que Jesucristo es el Hijo de Dios. Es también a través del Espíritu Santo que otras personas pueden creer el testimonio de otros.
El Espíritu Santo es el Consolador, continuó el élder Valenzuela. “Así como la voz tranquilizadora de un padre amoroso puede calmar el llanto de un niño, los susurros del Espíritu pueden calmar nuestros temores, silenciar las preocupaciones persistentes de nuestra vida y consolarnos cuando sufrimos. El Espíritu Santo puede llenarnos ‘con esperanza y amor perfecto’ y ‘enseñarnos las cosas apacibles del reino’” (Doctrina y Convenios 36:2).

Mediante el poder del Espíritu Santo, las personas se santifican cuando se arrepienten, reciben las ordenanzas del bautismo y la confirmación y permanecen fieles a los convenios, dijo el élder Valenzuela, compartiendo 3 Nefi 27:20. “Arrepentíos, todos vosotros, extremos de la tierra, y venid a mí y sed bautizados en mi nombre, para que seáis santificados por la recepción del Espíritu Santo, a fin de que en el postrer día os presentéis ante mí sin mancha”.
Es vital para la seguridad física y espiritual de una persona conservar el don del Espíritu Santo, dijo. Lo hacen guardando los mandamientos, orando, leyendo las Escrituras y manteniendo pensamientos, acciones y lenguaje virtuosos. “Debemos adorar a nuestro Padre Celestial en nuestros hogares, en la Iglesia y, siempre que sea posible, en el santo templo. Manténganse cerca del Espíritu, y el Espíritu permanecerá cerca de ustedes”, declaró.
Si bien todos los buscadores honestos de la verdad pueden sentir la influencia del Espíritu Santo, la plenitud de las bendiciones solo está disponible para aquellos que reciben el don del Espíritu Santo y permanecen siendo dignos, explicó el élder Valenzuela.
En conclusión, testificó, “Sé que el Espíritu Santo es el tercer miembro de la Trinidad con la asignación específica de testificar que Jesús es el Cristo, el Hijo del Padre Celestial, y guiarnos en nuestras decisiones en nuestro viaje por esta tierra”.








