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Presos enseñando a otros presos: Lo que la Rama Promontory aprendió sobre el poder de la adoración durante el COVID-19

cropped image of african american prisoner reading book Crédito: LIGHTFIELD STUDIOS – stock.adobe
Inmates participate in a group session at the Utah State Prison's Promontory facility where inmates are referred to as residents and have a waiting list to enter the drug rehab program, May 5, 2005 in Draper, Utah. Photo by Tom Smart (Submission date: 05/05/2005) Crédito: Tom Smart, Deseret News
Utah State Prison's Promontory facility where inmates are referred to as residents and have a waiting list to enter the drug rehab program, May 5, 2005 in Draper, Utah. Photo by Tom Smart (Submission date: 05/09/2005) Crédito: Tom Smart, Deseret News
Un hombre encarcelado lee una revista Ensign publicada por La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Crédito: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días
Un hombre encarcelado habla con un líder religioso. Crédito: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días
Adultos encarcelados participan en una clase de religión. Crédito: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días
El audio del artículo solo está disponible en inglés.

Cuando Steven Smith se convirtió en presidente de la Rama Promontory en la Prisión Estatal de Utah en 2018, él y otros líderes de la rama crearon una meta para ayudar a los adultos encarcelados a aumentar su autosuficiencia espiritual.

El Centro Correccional Promontory (en inglés) alberga a hombres que participan activamente en programas de tratamiento. Viven dentro de una comunidad estructurada y están separados en dormitorios.

Para involucrar más a los reclusos, el liderazgo de la rama inició varios cursos, entre ellos “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, basado en el libro de Stephen Covey; Transición real, que se enfoca en el desarrollo físico, espiritual, financiero, emocional y social; y el Programa para la recuperación de adicciones: Los 12 Pasos de la Iglesia. También comenzaron a realizar noches de cine y otras actividades, además de los servicios de adoración dominicales existentes y las clases del Instituto de Religión.

Llegaron voluntarios de fuera de la prisión para impartir las clases y apoyar las actividades, que tuvieron un gran éxito. Entonces llegó la pandemia de COVID-19.

El 12 de marzo de 2020 las prisiones se cerraron. Los líderes de la rama y los voluntarios ya no podían entrar. El futuro de las clases y de las actividades era incierto.

Pero gracias a un grupo fiel y dedicado de hombres encarcelados — y al apoyo del presidente Smith, los oficiales de la prisión y el capellán — la programación religiosa continuó con un enfoque dirigido por los compañeros y finalmente se amplió de 12 a 30 horas a la semana, a pesar de las restricciones de la pandemia.

“En tiempos de prueba, encontramos una gran oportunidad para hacer mejor las cosas”, dijo Smith, quien fue relevado como presidente de rama el año pasado.

Un recluso, que ayudó a apoyar los esfuerzos mientras estaba encarcelado y fue liberado recientemente de la prisión, dijo a Church News: “Lo llamamos el ‘milagro de Promontory’, este gran movimiento para venir a Cristo en prisión”.

Cómo ocurrió

El exrecluso recuerda lo difícil que fue en marzo de 2020 cuando comenzaron los encierros. “Teníamos tanta hambre de enseñanzas y de que la buena palabra de Dios fuera enseñada por estos grandes voluntarios que cuando llegó el COVID y ellos se fueron, fue muy duro para nosotros”, recordó. 

En ese momento, ayudaba en la biblioteca de historia familiar de la prisión. Dijo que se sintió inspirado para preguntar a los oficiales si los reclusos podían continuar reuniéndose sin los voluntarios. Se concedió el permiso, con un límite inicial de 10 personas por reunión.

“Tengo que reconocer el mérito de los funcionarios”, dijo el exrecluso. “Confiaron en nosotros y nos lo permitieron, nos probamos a nosotros mismos y ganamos más confianza. …

“El progreso sucedió — fue paso a paso, línea por línea, confianza por confianza”.

Con el tiempo, las clases, nuevamente, tuvieron éxito y se agregaron nuevos cursos, incluidos algunos en español. Los asistentes tuvieron cuidado de seguir todos los protocolos de COVID-19. El capellán desempeñó un papel crucial en la entrega de materiales, y el presidente Smith mantuvo el contacto y ofreció su apoyo mediante la redacción de cartas.

“El Señor simplemente hizo que las cosas sucedieran”, dijo el exrecluso. “No fue nada que yo haya hecho. Él puso las cosas en su lugar”.

Los reclusos participan en una sesión de grupo en el Centro Correccional Promontory de la Prisión Estatal de Utah el 5 de mayo de 2005, en Draper, Utah.
Los reclusos participan en una sesión de grupo en el Centro Correccional Promontory de la Prisión Estatal de Utah el 5 de mayo de 2005, en Draper, Utah. | Crédito: Tom Smart, Deseret News

Antes de su liberación, se impartían 30 horas de clases cada semana con un promedio de 600 asistentes mensuales — muchos de los cuales no eran miembros de la Iglesia. Se llevaban a cabo cuatro servicios de adoración dominicales para dar cabida al gran interés y a las restricciones de tamaño.

La programación religiosa continúa hoy en día, organizada e impartida por los reclusos con la supervisión de los líderes de la Iglesia.

“Fueron los diferentes niveles de influencia de Jesucristo”, dijo el exrecluso sobre el éxito de la programación. “Esa es la clave, es Jesucristo. Y en cualquier nivel para el que la gente estuviera preparada, teníamos algo para ellos”.

Hizo referencia a una cita (en inglés) de la hermana Wendy Nelson, esposa del presidente Russell M. Nelson: “Trato de hacer todo lo posible para asegurarme de que mi esposo se sienta amado, adorado, querido y necesitado. Lo llamamos A.A.Q.N. en nuestra familia”.

“En prisión”, dijo él, “no importaban las creencias que tenías. Simplemente nos aseguramos de que todos se sintieran amados, adorados, queridos y necesitados, con el enfoque en Cristo”.

Su consejo a otros grupos que quieran probar un enfoque similar dirigido por los compañeros: “Sean valientes y sigan al Espíritu. … Hagan algo. Actúen. No se queden sentados pensando ‘No puedo hacer la diferencia’. Porque todos podemos hacer la diferencia, sin importar dónde estemos. Con la ayuda de Dios, podemos ayudar a otras personas”.

Lecciones aprendidas

Smith también destacó algunas lecciones que aprendió desde una perspectiva de liderazgo.

“La lección número uno para mí fue que los hombres y mujeres encarcelados necesitan la oportunidad de servir”, dijo él.

La ansiedad, la depresión y el miedo entre los reclusos aumentaron durante los confinamientos por la pandemia. “Me di cuenta por sus cartas de que estaban tristes. Es decir, sin visitas, sin familia, sin voluntarios, con muy poca relación con otros fuera de su dormitorio. …

“La respuesta para la depresión, en mi opinión, era la distracción, además, necesitas encontrar formas de servir a otras personas. Y 30 horas de clases brindaron amplias oportunidades para que los hombres se sirvieran entre sí. Si no estaban enseñando o facilitando, estaban participando”.

Otra lección que Smith identificó es la de ser creativo al enfrentar los desafíos y las dificultades.

Un hombre encarcelado lee una revista Ensign publicada por La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Un hombre encarcelado lee una revista Ensign publicada por La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. | Crédito: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

“No hay nada como que los reclusos enseñen a los reclusos”, dijo él. “Es el mejor modelo de enseñanza. Estos hombres saben exactamente por lo que están pasando, así que se relacionan con ellos a un nivel en el que nadie del exterior podría relacionarse con ellos”.

Por último, el poder de escribir cartas.

Aunque no podía estar dentro de la prisión mientras el recluso ayudaba a revitalizar los cursos y actividades, Smith ofrecía apoyo y ánimo a través de cartas. También escribía constantemente a los demás reclusos, a veces hasta 80 cartas por semana. 

Lea más: Comenzando un ministerio en la prisión — lo que algunas estacas están haciendo para ayudar a sus presos locales

“Durante el COVID, tenía una lista oficial de 164 amigos por correspondencia. Un amigo por correspondencia es cualquier persona que me escribe al menos una vez al mes”, dijo él. El capellán ayudó a entregar las cartas de un lado a otro.

Los reclusos se abrieron a través de la escritura de cartas, y esto le dio a Smith una manera de apoyar a los reclusos en sus jornadas individuales. 

“Lo mejor que podemos hacer como miembros de la Iglesia es escribirles cartas. … Si no tienen conexiones saludables en el exterior, volverán a sus conexiones insalubres cuando salgan. Así que la lección para nosotros, en el exterior, es que seamos alguien que pueda apoyar a un recluso”, dijo él.

Esta primavera (en el hemisferio norte) llegará un nuevo sitio web de la Iglesia para ministrar a los afectados por el encarcelamiento. El grupo del Ministerio de Prisiones de la Iglesia puede ser contactado en prisonministry@ChurchofJesusChrist.org.

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