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Clyde J. Williams: Cómo Moisés obtuvo una perspectiva divina de ‘cosas que nunca había imaginado’

El audio del artículo solo está disponible en inglés.

Las revelaciones y las perspectivas que contiene Moisés 1, le fueron dadas a Moisés un tiempo después de que el Señor se le apareciera en la zarza ardiente (véase Moisés 1:17, 25; Éxodo 3:2 ). El hecho de haberse criado en un hogar egipcio no le había dado la oportunidad de tener una plena comprensión de Dios y sus caminos. Esto era evidente, ya que cuando el Señor se le apareció por primera vez, Moisés “cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios” (véase Éxodo 3:6).

Una vez que el Señor llamó a Moisés para que fuera Su instrumento para liberar a los hijos de Israel de la esclavitud, la respuesta de Moisés indicó su necesidad de una perspectiva divina. Quería hacer la voluntad del Señor, pero aún no comprendía plenamente al Señor y Sus facultades. Moisés no podía concebir en ese momento cómo podría ser un rival para el Faraón (véase Éxodo 3:11).

El Señor trató de darle más confianza a Moisés con respecto al poder que le daría, al convertir su vara en una serpiente y hacer que su mano se tornara leprosa y después sanarla (véase Éxodo 4:1-9). La respuesta de Moisés continuaba mostrando la enorme brecha que existía entre su propia y limitada perspectiva y la perspectiva divina que finalmente alcanzaría con la ayuda del Señor (véase Éxodo 4:10-16).

Moisés se veía a sí mismo como un humilde pastor, uno que no era elocuente, y era lento para hablar. El Faraón, que comandaba millones, que había hecho construir grandes edificios y templos, era admirable e imponente a los ojos de Moisés. Fue desde estas circunstancias que el Señor arrebató a Moisés a “a una montaña extremadamente alta” (Moisés 1:1). Para que Moisés pudiera superar con éxito los desafíos que iba a enfrentar, tanto espiritual como física e intelectualmente, era necesario que ampliara su perspectiva.

Una definición de la palabra “perspectiva” es “La forma en que se interpreta un asunto o el objeto de un pensamiento desde un punto de vista mental particular” (véase el Oxford English Dictionary, en inglés). La perspectiva divina puede describirse como la perspectiva que Dios le da al hombre. Es ver las cosas como Dios las ve. Es conocer “las cosas como realmente son y como realmente serán” (Jacob 4:13).

Al principio, Moisés vio su misión, la de liberar a los israelitas, con una perspectiva mortal basada en sus limitadas experiencias. El Señor sabía que necesitaba ver las cosas desde un punto de vista mucho más elevado. Uno puede imaginarse al Señor poniendo, figurativamente, su brazo alrededor de Moisés y diciendo “[Moisés], tú eres mi hijo; mira, pues, y te mostraré las obras de mis manos” (Moisés 1:4). Se le concedió una visión que pocos en esta vida han disfrutado. Vio que con Dios “todas las cosas están presentes” (Moisés 1:6). Aunque haya sido imposible para Moisés explicarlo, llegó a saber, como lo atestiguan las escrituras, que Dios conoce todas las cosas pasadas, presentes y futuras y que están presentes ante Sus ojos (véase Doctrina y Convenios 38:2, 2 Nefi 9:20, Doctrina y Convenios 88:41, Doctrina y Convenios 130:7)   

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De una manera maravillosa, a Moisés se le permitió, por lo menos en dos ocasiones, ver el mundo en el cual vivía y contemplar a todos sus habitantes (véase Moisés 1:8, 27-29). Para Moisés, esta visión tuvo lugar, no durante un período de meses o semanas, sino en unas pocas horas. Es muy posible que el tiempo para recuperarse de su primera visión fuera más largo que la propia visión (véase Moisés 1:10). Por el poder del Espíritu, Moisés había sido facultado para ver como Dios ve, y para comprender cosas que de otro modo habrían ido más allá de la comprensión humana.

En resumen, Moisés había recibido una perspectiva divina cuyos resultados le hicieron responder con asombro, “Ahora sé que el hombre no es nada, cosa que yo nunca me había imaginado” (Moisés 1:10). Esto no pretendía, en modo alguno, denigrar al hombre o negar su potencial divino. Era la constatación de Moisés de que el hombre solo, con todo su conocimiento y poder, en última instancia, no sería nada sin Dios.

El profundo efecto que le causó esta perspectiva recientemente adquirida, se hizo evidente de inmediato cuando Satanás se le apareció a Moisés y le ordenó que lo adorara. Con la perspectiva divina, Moisés pudo discernir fácilmente al adversario, ya que no irradiaba ninguna gloria y la orden de Satanás violaba las instrucciones del Señor a Moisés (véase Moisés 1:13-18). Finalmente, Moisés invocó a Dios y, mediante el poder de su Hijo Unigénito, expulsó a Satanás (véase Moisés 1:21).

Entonces, Moisés recibió otra visión de Dios. En esta visión aprendió que Dios había creado mundos sin número y que, sin embargo, era consciente de cada alma individual en esas tierras (véase Moisés 1:27-36). También aprendió que el objetivo principal de nuestro Padre en los Cielos era traer de vuelta a su presencia a tantos de sus hijos como estuvieran dispuestos a hacerlo (Moisés 1:39). Para Moisés, el efecto de estas experiencias visionarias fue inestimable. Había llegado a comprender de la manera más extraordinaria que el poder de Dios supera con creces el poder del hombre y el poder de Satanás. Esta perspectiva divina le permitiría a Moisés convertirse en un instrumento muy poderoso en la mano de Dios.  

Una pregunta que debería hacerse en este punto es, ¿por qué estas experiencias que tuvo Moisés harían tanta diferencia en su vida y en su desempeño? Moisés necesitaba   un mayor conocimiento para ejercer una mayor fe en Dios. Con respecto a este punto, aprendemos:

Se necesitan tres cosas para que cualquier ser racional e inteligente pueda ejercer la fe en Dios para la vida y salvación. Primero, la idea de que Él realmente existe. Segundo, una idea correcta de su carácter, perfecciones y atributos. Tercero, un conocimiento real de que el curso de la vida que se sigue está de acuerdo con Su voluntad (véase “Lectures on Faith” 3:2-5, en inglés).

Moisés tenía ahora un conocimiento perfecto de la existencia de Dios. A partir de las visiones dirigidas a su entendimiento, estaba comenzando a entender más claramente el carácter y los atributos de su Padre Celestial.

A medida que el Espíritu nos dé testimonio de la verdad de estos acontecimientos descritos por Moisés, llegaremos a comprender más claramente el amor de Dios por nosotros, sus hijos. También comprenderemos mejor cómo Su omnipotencia y omnisciencia pueden ayudarnos a progresar en la senda del convenio para volver a Él.

— Clyde J. Williams es un empleado jubilado de la Iglesia y voluntario de la División de Evaluación del Departamento de Correlación de la Iglesia.

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