Nota del editor: Esta narración es parte de una serie de Church News titulada “Mujeres del convenio”, en la que las mujeres de la Iglesia hablan de sus experiencias personales con el poder del sacerdocio y comparten lo que han aprendido al seguir el consejo del presidente Russell M. Nelson de “trabajar con el Espíritu para comprender el poder de Dios, o sea, el poder del sacerdocio” (“Tesoros espirituales”, conferencia general de octubre de 2019).
Atesoro estas palabras del presidente Nelson: “Nosotros, los Santos de los Últimos Días, no somos del mundo; somos del Israel del convenio. Se nos ha llamado para preparar a un pueblo para la segunda venida del Señor” (“Tesoros espirituales”, conferencia general de octubre de 2019).
Este es un recordatorio poderoso para mí porque constantemente necesito recordar que, si soy fiel a los convenios que he hecho con Dios, puedo tener la confianza de que Él me ayudará a cumplir mis responsabilidades en los diferentes aspectos de mi vida y a regocijarme por ello.

Me uní a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días a los 26 años. Aun cuando tenía un sentimiento de tranquilidad en el corazón a medida que seguía el deseo de ser bendecida por Dios al hacer un convenio con él, sé que mi comprensión de ese convenio era igual a una pequeña semilla en ese momento.
Con el paso de los años, y a medida que me he esforzado por guardar ese convenio bautismal y otros convenios que he hecho con el Padre Celestial, siento que Él me ha bendecido con una comprensión más profunda sobre Él, sobre mi Salvador y sobre mi papel como una hija del convenio de Padres Celestiales a fin de preparar la tierra para la segunda venida de Jesucristo.
El presidente Nelson también dijo: “Me emociona enterarme de líderes del sacerdocio que buscan anhelosamente la participación de las mujeres en los consejos de barrio y estaca”.
En Abraham 4 y 5, hay un relato inspirador de la creación de la tierra. En esos capítulos, leemos cómo “los Dioses tomaron consejo entre sí” al planear las diferentes fases de la creación y ejecutar esos planes. El principio de deliberar en consejo para cumplir los propósitos de nuestro Padre Celestial es un modelo divino y eterno que también debemos seguir al participar activamente en la obra de salvación y exaltación.
Desde que me uní a la Iglesia, he podido servir en diferentes llamamientos y asignaciones que me han requerido deliberar en consejo con otros siervos con los cuales comparto el deseo de servir a Jesucristo. Una y otra vez, me he maravillado por el poder de Dios que puedo sentir en mí misma y en otros cuando buscamos la voluntad del Señor de forma colectiva en contextos sagrados de consejo en la Iglesia.

En muchas ocasiones, aun cuando he intentado prepararme para una reunión, leyendo el material que se discutirá u orando para pedir la revelación que necesito para participar activamente en dicho consejo, no me vienen muchas ideas a la mente y al corazón de antemano. Sin embargo, una vez que me encuentro sentada en ese contexto divino, intentando escuchar con intención lo que dicen los demás, y a medida que recibo impresiones del Espíritu, comienzan a llegarme ideas y sentimientos.
Hace años, estaba en una asignación en Johannesburgo, Sudáfrica, y participé de un devocional con jóvenes adultos. Tan solo unos minutos antes de que comenzara ese devocional, sentí que probablemente necesitaba dejar de lado el bosquejo que había preparado y simplemente deliberar en consejo con esos jóvenes adultos. Seguí esa impresión y, luego de un mensaje de cinco minutos, les pregunté: “¿Cuáles son sus preocupaciones? ¿Qué es lo que tienen en el corazón?”.
Ellos pensaron en cosas que, en su mayoría, tenían que ver con sus amigos. Les preocupaban sus amigos que sufrían ansiedad y depresión, o sus amigos que no estaban yendo a la Iglesia, o sus amigos que no eran miembros. Y también les preocupaba cómo ayudarse unos a otros a hallar las mejores opciones para su educación. Se dividieron en grupos pequeños y cada grupo deliberó en consejo sobre uno de esos temas durante unos minutos. Cuando se reunieron nuevamente, el Espíritu llenó el lugar en tanto que compartían la revelación que habían recibido sobre cómo ministrar a sus amigos. La cantidad de energía, fe, gozo y poder que había en esa habitación nos empoderó.
“La obra del Señor en las eternidades se lleva a cabo por medio de consejos”.
Esa noche aprendí que, cuando somos humildes y seguimos al Espíritu, recibimos poder y podemos usar ese poder para bendecir la vida de nuestros hermanos y hermanas que nos rodean. Eso es lo que estaban haciendo esos jóvenes adultos. Estaban buscando formas de ayudar y habían decidido ir y hacer las cosas que se les había inspirado a hacer. Para mí, este es un gran ejemplo de cómo podemos sentir el poder de Dios fluir a través de nosotros.
Lo que podemos lograr juntos como discípulos de Jesucristo cuando deliberamos en consejo en Su nombre es más extraordinario de lo que podemos lograr solos. Sé que esto es parte del poder que recibimos de Dios al esforzarnos por guardar nuestros convenios y trabajar diligentemente en la viña del Señor.
La obra del Señor en las eternidades se lleva a cabo por medio de consejos. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días está gobernada por consejos, por medio de las llaves del sacerdocio. Como siervos del Señor, podemos recurrir al poder del sacerdocio de Dios a medida que participamos en consejos guiados por el Espíritu y actuamos de acuerdo con la revelación que recibimos. Cuando las mujeres y los hombres trabajan de forma interdependiente a fin de preparar la tierra para la segunda venida del Salvador, ocurren milagros, porque hay seguridad al deliberar en consejo.











