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Los extraordinarios momentos que transformaron un desván en un espacio sagrado para esta nueva Autoridad General holandesa.

El audio del artículo solo está disponible en inglés.

Como en la mayor parte de los atardeceres en los Países Bajos, el viento se arremolinaba en el pequeño desván. Las vigas de madera crujían cuando el chico de 9 años se arrodilló y empezó a orar. Aunque él había orado muchas veces ahí antes, esa noche era diferente a las otras noches en el hogar familiar, justo un piso abajo de él, su madre estaba dando a luz a su hermana menor.

“En medio de la noche, oí llegar a un doctor”, recordó años después. “Noté que algo estaba mal y que eso no iba a ser una cosa fácil. Estaba nervioso, así que salté de mi cama y fui con mi mamá. (Mis padres) intentaron que me quedara fuera del cuarto, pero yo quería estar ahí “.

En las siguientes horas, el chico hizo lo que pudo para ayudar, trajo toallas y agua caliente al doctor, y entonces subió al desván para orar.

Siguió este mismo modelo toda la noche.

“Creo que ese fue el tiempo en el que realmente aprendí quién es el Padre Celestial”, recuerda el élder Hans Theodorus Boom, recientemente llamado como Setenta Autoridad General. “Subí varias veces (esa noche), y rogué al Padre Celestial que salvara a mi madre. Ella sobrevivió y el bebé también. Ese suceso fue para mí un momento muy importante en mi vida”.

Nacido en julio de 1963 a Hans y Ankie Boom, el joven Hans es el segundo de los cuatro hijos de los Booms. Sus padres, ambos conversos de la Iglesia, enseñaron a sus hijos el Evangelio y les proveyeron una vida feliz de hogar.

“Mi padre tuvo una juventud muy triste”, dijo el élder Boom. “Él estuvo en un campo de concentración. Pero es el más cariñoso, amable y maravilloso padre que puedes imaginar. Sin sentimientos de enojo hacia el enemigo. No, nunca una mala palabra… lo que nos ayudó en nuestra niñez a tener respeto por los demás”.

Cuando el élder Boom tenía 8 años, su familia se mudó de Amsterdam a la ciudad de Breda, que se encuentra en la parte sur de los Países Bajos. Su padre, un holandés que había crecido en Indonesia, sintió que la familia necesitaba dejar la ciudad grande y regresar a las raíces ancestrales de él.

“Mi padre tenía un sentiemiento de que era bueno ir a la parte sur donde la Iglesia era muy pequeña”, dijo. “Nos mudamos de un barrio muy grande, a donde solo había poca gente en la rama. Yo era el único chico hasta que cumplí 13 años”.

El tiempo con su familia en esa pequeña rama, probó ser una capacitación fundamental para su servicio en la Iglesia y para aprender a confiar en el Señor.

Ya que su padre sirvió como presidente de rama muchas veces a través de los años, la familia pasaba mucho tiempo en la Iglesia. A menudo Hans iba con su papá temprano.

“No lo disfruté porque era muy temprano en la mañana y nunca tuvimos un auto. Hacíamos todo en bicicleta, esa es la manera holandesa”, dijo. “Decidí que necesitaba investigar si el Libro de Mormón era realmente verdadero o no. Lo admito, la razón por la que quería investigarlo era que, si no era verdadero (de manera que), yo no tendría que ir a la Iglesia”.

Una vez más él fue a su desván y empezó a orar.

“No hubo respuesta”, dijo. “Estaba desanimado”.

Días después, preguntó de nuevo y siguió sin haber respuesta.

“Y entonces hice un tercer intento”, dijo

Esta vez la respuesta fue muy clara.

“ La respuesta fue: ‘¿Por qué me preguntas cosas que tú ya sabes que son verdaderas?  Tú preguntas, y tú sabes que esta es Mi Iglesia. Tú lo sabes’.

“Así que desde ese día nunca he dejado de orar, nunca jamás… Nunca dudé ni por un segundo partido a la mitad de que esta es Su Iglesia, y di toda mi atención en cualquier cosa que yo pudiera hacer”.

Otras experiencias en su juventud continuaron reforzando ese resultado.

Cuando era joven, Hans tuvo asma, haciendo que esto le dificultara el respirar.

“Nuestro baño era el único lugar en la casa que estaba libre de polvo”, dijo. “Así que por muchos años dormí ahí”.

Pasó muchas noches luchando por respirar.

“Todo ese proceso en mi vida ha sido para estar cerca del Señor”, dijo.

Después de terminar la escuela a los 17 años, el élder Boom decidió que se uniría a la fuerza policial de los Países Bajos. Pero, teniendo solo 17 años, le dijeron que era muy joven y que volviera a solicitarlo un año después.

En ese tiempo su padre ofreció darle una bendición.

“La bendición decía que si yo hacía lo que el Señor quería, siempre tendría suficiente para mis necesidades, y siempre tendría pan en mi mesa”, dijo. “Nunca dijo: ‘tienes que ir a una misión’…pero él siempre me daba pequeñas cosas en que pensar acerca de eso”.

Un nuevo plan emergió para el adolescente, decidió que trabajaría para ahorrar dinero y serviría en una misión un año después.

“Siempre teníamos a los misioneros (en nuestra rama), así que yo los acompañaba dos veces por semana cuanto tenía 15 años; tocando puerta y haciendo la obra”, dijo.

Justo como se le había dicho de que era muy joven para unirse a la policía, se le dijo que era muy joven para servir en una misión. A pesar de su edad, él siguió con su plan y trabajó por un año para ganar el dinero necesario para una misión; y envió sus papeles para la misión.

“Esperé y esperé y esperé y nada pasó”, dijo. “Y entonces, casi dos meses después, llegó una carta con el llamamiento”.

El élder Boom sirvió en la Misión Inglaterra Londres Este, en 1981-1983, y mientras estuvo ahí, aprendió importantes lecciones, especialmente la importancia de la obediencia.

Unos pocos meses después de que regresó de su misión, conoció a Ariena Johanna “Marjan” Broekzitter en una conferencia de jóvenes adultos de la Iglesia. Muy pronto la pareja supo que querían casarse, pero la distancia entre sus hogares y sus estudios lo hacían difícil. Después de verse por un año, se casaron el 27 de julio de 1984 en Rhoon, y tres días después viajaron al Templo de Londres, Inglaterra, donde fueron sellados. La pareja tiene tres hijos.

Escogieron vivir en el mismo poblado donde el élder Boom creció y donde habían hecho del vivir el Evangelio una prioridad.

“Mi padre me dio una carta que recibió, cuando era joven, del presidente de misión”, dijo. “La carta decía: ‘nosotros en verdad queremos que se quede en los Países Bajos y edifique la Iglesia’… Me dio la carta y dijo: ‘Tiene tu nombre también’. Así que decidí quedarme y edificar el país”.

A la edad de 23 años aceptó el llamamiento de presidente de rama, y la edad de 30 años estaba sirviendo como consejero en la presidencia de estaca.

Los Booms han sido testigos de cómo la pequeña rama ha llegado a ser un barrio; y la Iglesia sigue creciendo en su área.

Aunque su servicio como Setenta Autoridad General lo alejará de los Países Bajos, el élder Boom dice que espera ayudar a edificar el reino en cualquier posición que el Señor le llame. Su primera asignación es como primer consejero en la Presidencia del Área Europa Este.

“Nos encanta servir de tiempo completo en la obra del Señor”, dijo. “Es una gran bendición. Todo lo que soy y todo lo que tengo, todo, se lo debo todo al Señor y a las oportunidades que Él me ha dado para aprender y crecer”.

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